El fin de la “Luna de Miel” en Argentina: Javier Milei pierde el control del relato económico
Por Nahuel Hidalgo
La presidencia de Javier Milei ha ingresado en un ciclo de desgaste que compromete el núcleo de su construcción política. Los datos del último relevamiento nacional de Pulso Research describen un escenario de fatiga social donde el “relato de la crisis” ha cambiado de manos. Por primera vez, el costo de la realidad económica es adjudicado mayoritariamente al ocupante actual de la Casa Rosada.
El análisis de esta información revela tres puntos críticos para la continuidad del proyecto libertario:
El traspaso de la carga pública
La estadística más disruptiva del informe indica que el 46,9% de los argentinos identifica al Gobierno de Milei como el responsable de la crisis actual, superando al 41,6% que aún señala a la administración previa de Alberto Fernández.
Este dato es un indicador de “maduración negativa”. Durante los primeros dos años, la opinión pública funcionó como un amortiguador político para Milei, permitiéndole ejecutar medidas drásticas bajo el argumento de la reparación. Sin embargo, al cruzar este umbral, el Gobierno pierde su blindaje simbólico: la crisis ya no se percibe como una herencia, sino como un producto de las decisiones presentes.
La paridad de imagen: El retorno de la polarización clásica
El ranking de imagen positiva coloca a Milei (41,2%) en una posición de inferioridad estadística —aunque dentro del margen de error— frente a Cristina Kirchner (42,9%) y Axel Kicillof (41,3%).
Este fenómeno desarticula la noción de una hegemonía cultural libertaria. El hecho de que las figuras que Milei definió como el “pasado a destruir” hoy presenten niveles de aprobación equivalentes o superiores al suyo sugiere que el rechazo a su gestión ha revitalizado a sus antagonistas. Para un liderazgo que se autopercibe como disruptivo y mayoritario, verse igualado por el liderazgo tradicional representa una erosión de su identidad política.
El déficit de aprobación de gestión
La evaluación del desempeño gubernamental arroja un resultado neto marcadamente deficitario: 54,8% de rechazo frente a un 37,2% de apoyo.
Desde una perspectiva de estabilidad presidencial, un rechazo consolidado superior a la mitad de la población indica que el Ejecutivo está gobernando desde una minoría de opinión. Esta brecha de -17,6 puntos actúa como un límite a la capacidad del Presidente para imponer su voluntad sin enfrentar una resistencia social creciente. Cuando la desaprobación supera el umbral del 50%, la gestión entra en una etapa de “administración de daños” más que de transformación profunda.
Los hallazgos de marzo de 2026 no representan una advertencia, sino el registro de una caída. Al perder el control de la narrativa sobre la culpa y quedar relegado en popularidad frente a sus principales antagonistas, el Gobierno de Milei ha ingresado en una fase de aislamiento político. Sin el escudo de la “herencia” y con un rechazo social que ya supera la mayoría absoluta, el modelo libertario se enfrenta a su realidad más cruda: la de un liderazgo que se consume en su propio ajuste.
