Internacional

El legado del Papa Francisco en el diálogo interreligioso

Desde el corazón del Vaticano, el Papa Francisco supo construir algo que parecía impensado en este siglo marcado por la fragmentación: una cultura del encuentro interreligioso real, valiente y profundamente humana. Su papado no solo será recordado por sus gestos de austeridad o sus llamados a una Iglesia “en salida”, sino especialmente por su firme compromiso con el diálogo entre credos.

Francisco no buscó una tolerancia formal ni un ecumenismo decorativo. Su relación con líderes judíos, musulmanes, budistas, hindúes y de muchas otras tradiciones religiosas, estuvo marcada por la escucha sincera y el reconocimiento del otro como interlocutor válido. Lo vimos abrazar al Gran Imán de Al-Azhar, rezar en silencio ante el Muro de los Lamentos en Jerusalén junto a un rabino y un líder musulmán, y pedir perdón en nombre de la Iglesia por heridas del pasado.

Pero más allá de los gestos —que sí importan—, el verdadero legado de Francisco en este terreno es político y espiritual: entendió que en un mundo atravesado por conflictos religiosos, por migraciones forzadas y por discursos de odio que crecen incluso desde los púlpitos, era urgente tender puentes. Y él lo hizo.

No fue ingenuo. Sabía que dialogar no es diluirse. Sabía que cada religión guarda su identidad, pero también que en el encuentro se potencia lo mejor de cada una. Convirtió al diálogo interreligioso en una herramienta para la paz, en una forma de diplomacia ética y, sobre todo, en un acto de amor.

Hoy, cuando el mundo se polariza, cuando se instrumentaliza la fe para justificar violencia o discriminación, el legado de Francisco nos recuerda que otra espiritualidad es posible. Una espiritualidad del encuentro, del abrazo, de la construcción común. Su papado marcó un antes y un después.

El desafío es que ese legado no se pierda con él. Que inspire a comunidades enteras. Que sirva de guía para futuras generaciones. Porque si algo nos enseñó Francisco es que el diálogo no es una opción: es el camino.

Por Nahuel Hidalgo

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