Un cordero en el tren: la historia detrás de una imagen que sorprendió a Escocia
Una escena tan insólita como enternecedora dejó a los pasajeros de la estación Paisley Gilmour Street boquiabiertos: un hombre caminaba tranquilamente por el andén con un cordero atado con correa. Las cámaras de seguridad captaron el momento, y las redes hicieron el resto.
Se trata de Jai Gibson, de 61 años, quien se volvió viral tras ser visto viajando en tren con su cordero llamado NJ. Consultado por la BBC, Gibson defendió su accionar: “Puede que sea extraño, pero no está mal”.
Lejos de tratarse de un simple capricho, Jai lleva más de una década cuidando corderos huérfanos. Todo comenzó cuando encontró uno en apuros durante una caminata en el campo. Desde entonces, asegura haber cuidado a cerca de 200 corderos. “Es una adicción”, dijo.
Gibson explicó que suele usar el tren porque no puede conducir debido a problemas de salud, y que en sus traslados lo acompaña NJ, a quien lleva con una correa retráctil. “La gente pasea perros por la ciudad. Yo llevaba mis ovejas al pub”, comentó entre risas.
Una de las pasajeras que presenció la escena fue Michelle Robertson, de 38 años, quien regresaba con su familia de una excursión. “Con el calor que hacía pensé que mi mente me jugaba una mala pasada. Al principio creí que era un perro raro, pero después vi que era un cordero”.
Los niños a bordo se mostraron fascinados con el animal, que se comportó con calma y buen carácter. Ava Templeton, de 8 años, contó que el cordero intentó mordisquearle el sombrero, y lo describió como “suave como una almohada”.
Desde Scotrail, la empresa ferroviaria, no hubo sanción ni advertencia: “Estamos acostumbrados a que el ganado cause interrupciones, pero afortunadamente este visitante venía con correa y se portó muy bien”, escribieron en X (ex Twitter), acompañando la publicación con la imagen captada por CCTV.
Aunque algunas personas se quejaron, lo que obligará a Gibson a dejar a NJ en la granja, él asegura que seguirá cuidándola para que no se sienta sola.
Una historia improbable, pero verdadera, que demuestra que no hay formas únicas de criar, querer o moverse… incluso si se trata de un cordero en un tren.

