La inflación que no se ve: ¿por qué todo aumenta más de lo que dicen los números del gobierno?
Mientras el INDEC informó que la inflación de enero fue del 2,9%, en los barrios, supermercados y carnicerías la realidad es otra: los precios suben muy por encima de ese promedio y el bolsillo lo siente todos los días.
La explicación es simple: la inflación se mide con una canasta que no refleja con precisión lo que hoy consume la mayoría de las familias.
Cuando los precios suben, pero el índice no lo refleja
Productos básicos como la carne, el pan, los lácteos, el transporte y los servicios registraron aumentos muy superiores al promedio mensual informado.
En carnicerías de distintos puntos del país, comerciantes señalaron subas cercanas al 25% en la carne durante enero. Esto impacta directamente sobre el gasto semanal, ya que se trata de uno de los principales componentes de la dieta familiar.
Sin embargo, este aumento queda diluido en el índice general, al ser promediado con otros productos que subieron menos.
El resultado es una brecha creciente entre la inflación estadística y la inflación real que enfrentan los hogares.
Alfajores y figuritas: el ejemplo que entienden los chicos
Aunque no forman parte del consumo esencial, los alfajores, golosinas y figuritas funcionan como un termómetro social inmediato: son compras esporádicas, pero muy visibles, especialmente para chicos y adolescentes.
Cuando un alfajor aumenta 30% en un mes o un paquete de figuritas se vuelve inaccesible, la inflación se vuelve concreta y cotidiana, incluso para quienes no manejan la economía del hogar.
Por eso, muchas familias perciben que la plata rinde cada vez menos, aun cuando los números oficiales muestran desaceleración.
Una canasta que quedó vieja
El IPC se calcula a partir de una canasta de consumos con ponderaciones desactualizadas, que no reflejan con fidelidad cómo se distribuye hoy el gasto familiar.
Actualmente, la mayor parte de los ingresos se destina a:
- Alimentos
- Transporte
- Servicios públicos
- Internet y telefonía
- Alquiler
- Aplicaciones
Estos rubros tienen hoy un peso mucho mayor en el presupuesto real, pero no están reflejados en la misma proporción dentro del índice.
La inflación de los sectores populares es más alta
En los hogares de menores ingresos, entre el 70% y el 80% del presupuesto mensual se destina a comida y servicios básicos.
Por eso, cuando suben:
- La carne
- El pan
- La leche
- El transporte
👉 la inflación real que enfrentan es mucho mayor que la que marcan las estadísticas.
Mientras el IPC indica una suba mensual inferior al 3%, en estos sectores el impacto efectivo duplica o incluso triplica ese número.
La brecha entre el dato y la vida cotidiana
La diferencia entre los informes oficiales y la experiencia diaria genera creciente desconfianza social.
Si el changuito del supermercado es cada vez más chico, si el sueldo dura menos y si los alimentos suben con fuerza, la baja inflación estadística pierde sentido frente a la realidad concreta.
Porque, en definitiva, la inflación verdadera no se mide en planillas, sino en:
👉 la mesa familiar, la carnicería del barrio y el ticket del supermercado.
Nota al pie | La renuncia de Lavagna y la disputa por cómo medir la inflación
La reciente renuncia de Marco Lavagna a la conducción del INDEC estuvo atravesada por tensiones internas en torno a la medición de la inflación y al uso político del dato estadístico.
Si bien oficialmente se habló de motivos personales y “etapa cumplida”, en ámbitos técnicos y políticos se reconoce que existían diferencias profundas sobre la actualización de la canasta de consumo y la metodología del IPC.
Lavagna sostenía la necesidad de modernizar la medición para reflejar con mayor precisión el consumo real de los hogares, lo que probablemente habría arrojado índices de inflación más altos. Desde el Gobierno, en cambio, primaba la necesidad de mostrar una rápida desaceleración inflacionaria, clave para sostener el relato económico y contener la conflictividad social.
La disputa expuso un dilema central: medir con mayor fidelidad la realidad o sostener un número políticamente conveniente.
La salida de Lavagna, hijo del exministro Roberto Lavagna —figura clave en la recuperación de la credibilidad del INDEC tras la intervención de 2007—, reavivó las dudas sobre la transparencia del indicador inflacionario y reforzó la percepción social de que la inflación real es mayor que la que muestran los datos oficiales.
