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La jerarquía que perdimos y la que necesitamos recuperar

Sergio Berni escribió una pieza que desborda la coyuntura y se planta en el debate de fondo de la Argentina: cómo volver a poner la Patria por encima de las facciones. Su texto no es una anécdota política. Es una proclama necesaria en estos tiempos de tanto ruido.


En un presente donde el agravio se volvió moneda corriente y el escándalo cotiza más que la idea, la nota de Sergio Berni llega como un sacudón. No es un tuit, no es un comentario al pasar. Es una reflexión de fondo sobre la Argentina, su historia y el lugar al que debería volver la política si quiere estar a la altura de sus fundadores.

Berni parte de una jerarquía. La frase más citada de San Martín, “Seamos libres, lo demás no importa nada”, no es solo un grito de libertad. Es un orden de prioridades. Hay algo que está por encima de todo: la Patria. Y todo lo demás —rencores, facciones, cuentas personales— entra sin discusión en la categoría de “lo demás”.

La Argentina, dice Berni con crudeza, invirtió esa jerarquía. Hoy “lo demás” ocupa la escena completa. Y la Patria, que debería ser el punto de encuentro, quedó relegada a un segundo plano, a un discurso de ocasión, a una bandera que se agita pero no se piensa.

El diálogo que nos falta

El cortometraje El Libertador —producido por Infobae con imágenes generadas por inteligencia artificial— le sirve a Berni de disparador. Allí se narra un encuentro entre San Martín y Sarmiento en Grand Bourg. Dos figuras que el imaginario político suele colocar en veredas opuestas, pero que en el relato no se reprochan ni se regodean en viejos enfrentamientos.

Berni lo dice con una claridad envidiable: “Ahí está la metáfora: la de aquello que falta, pero sobre todo la de lo que puede hacerse si se abandonan los esquemas de pensamiento binario y se abraza la Patria desde la complejidad de su entramado social, geográfico, económico y político”.

Ese es el corazón del texto. La Argentina no necesita un relato único que tape las diferencias. Necesita una síntesis. Y una síntesis, como bien escribe Berni, no es la negación de nada: es la superación de dos tesis antagónicas mediante un salto dialéctico que alumbre una verdad compartida.

El espejo francés

El autor trae la imagen del Panteón de Francia, donde Rousseau reposa frente a Voltaire. Dos pensadores que en vida se enfrentaron y que la nación, sin embargo, eligió acoger a ambos. Uno frente al otro. Para que dialoguen para siempre.

La comparación no es decorativa. Es un golpe directo a la cultura política argentina, tan amiga de los altares excluyentes. O se es de un lado o se es del otro. O se reivindica a Rosas o se reivindica a Sarmiento. O se es peronista o se es antiperonista. Francia entendió que la nación es más grande que sus disputas. La Argentina sigue atrapada en la lógica de la trinchera.

El valor de la ponderación

Berni enumera: “Rosas, Urquiza, Alberdi, Sarmiento, Roca, la generación del 80, Yrigoyen, Alvear, Perón, Frondizi y tantos otros”. No los homologa ni los reduce a un panteón vacío. Pide ponderarlos. Reconocer lo que cada uno aportó a la gran síntesis nacional. No para borrar sus contradicciones, sino para entender que la Patria se construyó con todas las partes, no solo con la que nos gusta.

Esa es una mirada madura. Y es la que falta en una política que se acostumbró a festejar el agravio y a demonizar al que piensa distinto.

El cierre que es una proclama

Sobre el final, Berni eleva la vara. Recuerda que el cruce de los Andes no fue una excursión. Fue una epopeya realizada con frío, al borde del abismo, con un enemigo agazapado. Y que el corolario de semejante gesta no fue la gloria mundana, sino el destierro y el agravio de la facción que pensaba más en la guerra civil que en la emancipación.

San Martín no se arrepintió. Hizo lo que tenía que hacer, como un verdadero soldado.

Y entonces Berni lanza la frase que cierra su texto y lo convierte en una proclama:

“Es posible —y necesario— recuperar los valores fundantes de la Patria. Valor, esfuerzo, disciplina, coraje y pensamiento estratégico. Darlo todo sin esperar nada a cambio. Que la potencia de ese ejemplo se vuelva práctica cotidiana, y que la vieja jerarquía vuelva a su lugar: seamos libres, que lo demás, efectivamente, no importa nada.”

Ahí está todo. No es un lamento por la Argentina que fue. Es un llamado a construir la Argentina que todavía puede ser. No desde el odio, sino desde la recuperación de un orden perdido. No desde la venganza, sino desde la disciplina de los que entienden que la Patria es más grande que sus hijos.

Berni escribió una pieza que no pide aplausos. Pide una definición. Y en tiempos de ruido, esa es una rareza que vale la pena celebrar.

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