Internacional

EL CHOCÓ EN RUINAS: EL TERREMOTO QUE REVELÓ EL RACISMO ESTRUCTURAL DE COLOMBIA Y LA AUSENCIA DEL ESTADO

Por Nahuel Hidalgo
Espacio Sur Global

LA HIPOCRESÍA DEL FOCO MEDIÁTICO

Mientras los medios occidentales levantan la figura de Shakira como una suerte de “salvadora” del Chocó, omiten el fondo de la cuestión: el terremoto del 10 de agosto no creó la pobreza en el departamento. La visibilizó. Y lo que mostró es un mapa de abandono estatal que tiene nombre y apellido: racismo estructural.

El terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, dejó 312 muertos, 4.611 heridos, 290 desaparecidos y más de 186.000 afectados en 472 municipios de 15 departamentos. Pero el Chocó, el territorio con mayor densidad de población afrodescendiente de Colombia (más del 90% en la región del Chocó Biogeográfico), fue el más golpeado en términos proporcionales. Y también el más abandonado.


LA RESPUESTA DE UN GOBIERNO QUE NO SABE QUÉ HACER

Abelardo de la Espriella, el nuevo presidente colombiano que asumió el 7 de agosto de 2026 jurando “derrotar sin tregua al narcoterrorismo”, tuvo tres días para prepararse. El terremoto llegó el 10. No hizo empalme con el gobierno saliente de Gustavo Petro. No tenía equipos en terreno. No había plan de contingencia.

Su gestión de la emergencia fue un desastre paralelo:

  • Rechazó ayuda internacional de rescatistas en los primeros días.
  • Dio cifras menores de muertos (289) que las de Medicina Legal (312).
  • Centralizó todas las comunicaciones en su figura, generando cuellos de botella.
  • La oposición lo criticó duramente, pero desde el oficialismo solo hubo silencio cómplice.

El único punto a su favor: desplegó a todo su gabinete en las zonas afectadas y viajó personalmente a Quibdó, Pereira y Cali. Pero eso no compensa la falta de planificación ni la negación inicial de ayuda internacional.

Mientras tanto, el Congreso suspendió su agenda legislativa y llamó a los congresistas a donar un salario. La comisión bicameral para la reconstrucción se formó sobre la marcha. El Estado colombiano, una vez más, llegó tarde, mal y con lo justo.


SHAKIRA: EL PARCHE SOBRE UNA HERIDA ABIERTA

La cantante colombiana viajó a Quibdó el 17 de agosto, una semana después del sismo. Movilizó 1,25 millones de dólares de Global Citizen, Live Nation y CAF. Anunció la reconstrucción de 10 escuelas y de la Universidad Tecnológica del Chocó. Dijo: “El Chocó ha sido un sitio abandonado por muchísimos años y eso no va a pasar ahora; no debemos permitir que eso suceda otra vez.”

Es una verdad incómoda que los medios internacionales celebran sin contexto.

La ayuda de Shakira es loable. Pero también es un síntoma de la falla estatal. Una artista privada movilizó más recursos en 48 horas que el gobierno nacional en una semana. Y lo hizo sin esperar a que el Estado resuelva sus problemas logísticos. Mientras tanto, la gobernadora Nubia Carolina Córdoba anunció el cierre de la fase de búsqueda y rescate y el inicio de la de atención a damnificados: albergues, alimentos, colchonetas. Lo mínimo.

El foco en Shakira despolitiza el desastre. La convierte en una heroína individual, cuando el problema es colectivo, histórico y estructural. Y los medios occidentales, que nunca se interesaron por el Chocó antes del terremoto, hoy lo usan para mostrar una imagen edulcorada de Colombia: una artista que ayuda, un gobierno que “responde”, y un pueblo que “se recupera”. Nada más lejos de la realidad.


EL CHOCÓ: UN TERRITORIO SAQUEADO DESDE LA COLONIA

El Chocó no es pobre por casualidad. Es pobre por diseño.

  • Siglo XVI-XIX: puerto de entrada de esclavizados para la extracción de oro y platino.
  • Siglo XX: enclave maderero y bananero. Sin vías terrestres con el interior. Aislado a propósito.
  • 1947: lo convierten en departamento, pero la inversión pública nunca llega.
  • Ley 70 de 1993: reconoce propiedad colectiva a comunidades afro, pero el Estado no protege esos territorios. Entran grupos armados, minería ilegal y taladores.

El resultado: más del 65% de la población del Chocó vive bajo la línea de pobreza. La pobreza extrema supera el 44,9%. En Quibdó, 62 de cada 100 residentes viven en pobreza. La tasa de mortalidad infantil es la más alta de Colombia: supera el 30 por cada 1.000 nacidos vivos.

La gobernadora Nubia Carolina Córdoba lo dijo sin filtros:

“Esto tiene mucho que ver con la desatención histórica, con el abandono histórico del Estado colombiano en estos territorios, que están mayoritariamente poblados por afrocolombianos e indígenas.”

Un organismo de la ONU lo confirmó en mayo de 2026: el racismo en Colombia no es un conjunto de actos aislados de discriminación, sino un problema estructural históricamente arraigado.


PETRO: AVANZÓ, PERO NO ALCANZÓ

Gustavo Petro (2022-2026) movió recursos al Chocó como ningún otro presidente en décadas: proyectos por más de $343 mil millones para vivienda y hábitat, y $1,4 billones de pesos destinados en total. Pero no alcanzó.

Porque el problema del Chocó no se arregla en cuatro años. Petro reconoció la deuda histórica. Eso ya es más que cualquier presidente anterior. Pero la maquinaria estatal es lenta, la oposición frenó partidas y la violencia armada sigue controlando corredores enteros del Atrato. El Estado colombiano nunca diseñó una política de reparación territorial con enfoque racial. Petro lo intentó, pero el lastre del racismo estructural es más pesado que un gobierno progresista.

Y ahora, con De la Espriella, se retrocede. El nuevo presidente dio por terminados los diálogos de paz de Petro. Prometió “derrotar sin tregua al narcoterrorismo”. En su posesión estuvieron Javier Milei, Daniel Noboa, José Antonio Kast, y delegados de la Casa Blanca e Israel. La orientación es clara: más mano dura, menos Estado, y el Chocó seguirá siendo el territorio olvidado.


EL PROBLEMA POLÍTICO: EL CHOCÓ NO TIENE SENADORES

El Chocó completa doce años sin senadores propios. En el Senado colombiano, que se elige por circunscripción nacional, ningún chocoano logró una curul en 2026. Compitieron 16 aspirantes. Ninguno llegó.

Eso significa que la voz del Chocó en el Congreso se reduce a dos representantes a la Cámara:

  • Omar Francisco Vidal Rojas (Liberal), apoyado por el movimiento de la gobernadora Nubia Carolina Córdoba.
  • Astrid Sánchez Montes de Oca (Partido de la U), en su tercer periodo consecutivo.

Y la Asamblea Departamental, que eligió mesa directiva el 4 de agosto, sigue discutiendo el Plan de Desarrollo y el futuro de la licorera departamental mientras el terremoto deja 312 muertos.

Los legisladores chocoanos han denunciado el abandono en términos genéricos. La representante Astrid Sánchez dijo: “Chocó al Límite: Denuncia el Abandono del Estado y Exige Acciones YA”. Pero ninguno ha cruzado directamente al presidente De la Espriella. Ninguno ha mencionado el racismo estructural como causa del abandono. Ninguno ha exigido un plan concreto con recursos y plazos.

El silencio es cómplice. Los dos representantes son del establishment político tradicional. Ambos tienen vínculos con el poder establecido. Y el Chocó, sin senadores propios, no tiene voz en la cámara alta.


EL CONTRASTE QUE CONDENA AL ESTADO

Shakira hizo más en una semana que el Estado en décadas. Esa es la verdad incómoda. Y los medios occidentales la celebran sin preguntar por qué una artista tiene que hacer el trabajo del Estado.


REFLEXIÓN FINAL: NUESTRA AMÉRICA NO PUEDE MIRAR HACIA OTRO LADO

El Chocó es el espejo de lo que pasa en todo el Sur Global. Territorios ricos en recursos naturales, poblados por comunidades racializadas, abandonados por un Estado que las usa como mano de obra barata y después las descarta. La misma lógica que operó en el Congo, en Haití, en la Amazonía brasileña, en el Chaco paraguayo.

No podemos dar una lucha desde el Sur Global contra el imperialismo si no somos capaces de atender las necesidades de nuestros pueblos. No hay soberanía posible sin justicia territorial. No hay antiimperialismo sin reparación histórica. No hay “patria grande” si el Chocó sigue siendo un territorio de sacrificio.

El racismo no es un problema de “buena voluntad”. Es un problema de poder. El Estado colombiano decidió invertir en el interior andino y abandonar el Pacífico. Decidió priorizar el desarrollo de Antioquia y Cundinamarca sobre el Chocó. Decidió que la vida de los afrocolombianos vale menos que la de los blancos de Bogotá.

Y la izquierda del Sur Global tiene que hacerse cargo de esta deuda. No puede hablar de soberanía sin hablar de los pueblos que el poder blanco dejó en el olvido. No puede hablar de descolonización sin descolonizar el territorio. No puede hablar de justicia social sin reparar el daño que el capitalismo extractivo hizo en el Chocó.

El terremoto del 10 de agosto de 2026 no fue una catástrofe natural. Fue una catástrofe política. La naturaleza sacudió, pero el Estado ya había dejado el territorio en ruinas. Shakira pone el foco. Los medios occidentales lo aplauden. Pero el problema sigue ahí: un Estado que no llega, unos legisladores que no exigen, y un pueblo que se muere mientras el mundo mira a la cantante.

El Chocó no necesita salvadores. Necesita justicia. Necesita un Estado presente. Necesita representación política real. Necesita que el Sur Global deje de ser una consigna y se convierta en una política concreta de reparación territorial y racial.


Fuentes: Informes de la Defensoría del Pueblo, Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia, declaraciones públicas de la gobernadora Nubia Carolina Córdoba, los representantes Astrid Sánchez y Omar Vidal, y la Asamblea Departamental del Chocó. Declaraciones de Shakira en Quibdó, 17 de agosto de 2026. Informe de la ONU sobre racismo estructural en Colombia (mayo 2026).

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