Diego Tula, hombre de la banda de Olmedo, denunciado por violento y golpeador
Marcela, vecina de Florencio Varela, mostró las marcas en su cuerpo y relató con voz entrecortada cómo su expareja, Diego Martín Tula, secretario de organización de la UOCRA de Florencio Varela, la golpeó, le robó el celular y usó sus redes sociales para hostigar a su hija menor, a sus amigas y a su entorno familiar.
La denuncia está radicada en la Comisaría de la Mujer y ratificada en la Fiscalía de Florencio Varela. Pero el expediente judicial de Tula no empieza ahí. Tiene historia.
Tula está procesado en una causa que se inició en 2016 por asociación ilícita, estafa y defraudación, junto a Juan “Lagarto” Olmedo, Ariel Abrigo y Pedro Silva. En noviembre de 2022, la Policía Federal realizó allanamientos en sedes de la UOCRA de Quilmes y Florencio Varela, donde secuestraron computadoras y teléfonos de los imputados. En uno de los domicilios también se decomisó un arma de fuego. El fiscal pidió la detención de Olmedo y sus colaboradores, pero el juez la rechazó.
El sindicalismo de la construcción en el sur del conurbano tiene un historial de enfrentamientos violentos. En enero de 2025, dos grupos de la UOCRA protagonizaron una batalla campal con tiros, piedras y golpes en Berazategui, que dejó seis heridos de bala. Una de esas facciones responde a Olmedo, con Tula a la cabeza. En julio de 2024, otra pelea entre facciones en pleno centro de Quilmes terminó con corridas y armas blancas.
Lo que denuncia Marcela no es un hecho aislado. Es el mismo patrón de violencia que Tula ya había ejercido cuatro meses atrás, cuando la pareja se separó y él entró a su casa en la madrugada. Según el relato de la víctima, Tula la golpeó y le robó el celular; usó sus cuentas para hacerse pasar por ella y subir fotos íntimas; hostigó a su hija menor con mensajes pornográficos; amenazó a sus amigas, familiares y gente de la iglesia; mandó a un muchacho a cortarle la luz (estuvo dos días sin servicio); su hermano, que vive en el terreno contiguo, le cortó el agua (hace seis días que no tiene); y echó a su hijo Gonzalo, que trabajaba en la UOCRA, porque “se piensa que es inmune, que todo lo tapa”.
La denuncia pública que acompaña el video es contundente: “Que los trabajadores sepan quiénes son y qué representan. Olmedo – Diego Tula, persona de confianza de Olmedo. La ex mujer de Diego Tula radicó una denuncia formal en la Comisaría de la Mujer y la Familia de Florencio Varela contra Diego Tula, por hechos graves que vulneran su dignidad, su integridad y sus derechos como mujer.” Y detalla: acoso y maltrato, abuso de poder (se aprovecha de su posición dentro del sindicato para amedrentar y someter), amenazas y presiones para silenciar. El cartel cierra: “Esto no es un hecho aislado. Es la forma de hacer política de quienes se creen dueños del sindicato. Basta de impunidad. Basta de silencio.”

Video https://vt.tiktok.com/ZSVy8C1xx/
La UOCRA ya había emitido un comunicado en enero de 2025 repudiando los incidentes violentos y asegurando que “los responsables involucrados en los hechos no tienen ningún vínculo institucional con el gremio”. Pero la realidad es tozuda: Tula es secretario de organización de la UOCRA Florencio Varela, y su jefe político, Juan “Lagarto” Olmedo, fue titular de la seccional hasta 2019.
Marcela cerró su relato con una frase que debería helarle la sangre a cualquiera: “Tengo miedo que este señor, que está enfermo de la cabeza, me vuelva a atacar. Por favor, necesito de ayuda, que se viralice este video, porque yo temo por mi vida. Estoy sin custodia policial. Este señor es capaz de venir a la madrugada, entrar a mi casa, porque lo hizo en su momento. Encima el señor es adicto a la cocaína y nunca hizo tratamiento.”
Tula es la cara de un sindicalismo que ya no queremos en Argentina. El mismo que usa el poder gremial para someter, amenazar y violentar. El mismo que tiene causas abiertas por asociación ilícita y estafa, pero sigue en su cargo. El mismo que golpea a su exmujer, hostiga a su hija menor y corta el agua y la luz de su propia familia. La denuncia de Marcela no es un escándalo aislado. Es la punta del iceberg de una estructura de poder que se cree intocable. Y la pregunta que queda flotando es: ¿hasta cuándo la Justicia y el gremio van a mirar para otro lado?
