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La FIFA y su moral de cartón

Por Nahuel Hidalgo

La FIFA nos multó por una bandera. 321.000$ dólares por exhibir en un campo de juego lo que nuestro país defiende desde hace dos siglos: que las Malvinas son argentinas. La misma FIFA que se tomó cuatro días para suspender a Rusia de todas sus competiciones cuando invadió Ucrania, lleva más de tres años mirando hacia otro lado mientras Israel destruye el fútbol palestino.

No es un desliz. Es un sistema.


Rusia en cuatro días. Israel en el freezer

El 28 de febrero de 2022, la FIFA y la UEFA suspendieron “hasta nuevo aviso” a todos los clubes y selecciones de Rusia. La justificación fue clara: condena al “uso de la fuerza por parte de Rusia en su invasión a Ucrania”. La sanción fue inmediata, ejemplar, sin vueltas. Rusia quedó fuera del Mundial de Qatar 2022 y sigue sin competir.

En contraste, la FIFA ha recibido denuncias durante más de quince años. El saldo es devastador: más de 1.000 jugadores, entrenadores, árbitros y dirigentes palestinos asesinados durante el genocidio en Gaza. Instalaciones deportivas destruidas. Una federación entera arrasada. Y la FIFA, según las propias denuncias, “no ha aplicado sus propios reglamentos”.

El argumento del presidente de la FIFA es que el organismo “no puede resolver problemas geopolíticos”. Pero esa misma FIFA sí pudo resolver el problema geopolítico de Rusia en 2022. El doble estándar es tan evidente que hasta la federación inglesa se prepara para retirar su apoyo al actual liderazgo.


El Premio de la Paz al bombardeo de escuelas

En diciembre de 2025, el presidente de la FIFA creó un premio de la paz y se lo entregó a Donald Trump durante el sorteo del Mundial 2026. El galardón, anunciado sin consultar a nadie, fue descrito como un reconocimiento a sus “incansables esfuerzos por promover la paz”.

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos lanzó ataques aéreos conjuntos con Israel sobre Irán. Entre los blancos: una escuela primaria en Minab. El saldo: al menos 110 niños muertos. Aviones estadounidenses bombardearon una escuela de niñas. Y el presidente que recibió el Premio de la Paz de la FIFA fue el mismo que ordenó ese ataque.

Incluso jugadores en actividad lo dijeron sin vueltas: “Decisiones como la de otorgar este premio de la paz convierten en una burla lo que intentan hacer con la carta de derechos humanos”. Federaciones nacionales pidieron que se aboliera el galardón. Organizaciones de derechos humanos lo condenaron. Pero la FIFA sigue de largo.


Multa por soberanía. Impunidad para el genocidio

Mientras tanto, Argentina recibe una multa de 321.000 dólares por exhibir una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”. La misma FIFA que no sanciona a Israel por tener clubes en asentamientos ilegales en Cisjordania, que encontró a la federación israelí culpable de violaciones graves y sistémicas por discriminación pero le aplicó una multa irrisoria, que calificó la conducta como “complicidad institucional” en un sistema de segregación pero se negó a aplicar sanciones ejemplares.

La FIFA castiga a Argentina por una bandera. Pero se niega a castigar a Israel por crímenes de guerra. Multa a la AFA por soberanía. Pero premia con un galardón de la paz al presidente que bombardea escuelas.


La moral de cartón

La FIFA no tiene autoridad moral para sancionar a nadie. Su historia es un expediente de corrupción, clientelismo político y dobles estándares. Desde los escándalos de sobornos por los mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022 hasta la creación de un premio de la paz a medida para un amigo personal de su presidente, el organismo ha demostrado una y otra vez que sus principios son tan flexibles como el bolsillo de quien los compra.

La FIFA no es neutral. Es un instrumento político que castiga a los débiles y protege a los aliados de Occidente. Sanciona a Argentina por reivindicar su soberanía sobre Malvinas, pero le entrega un premio de la paz a Donald Trump mientras sus bombas caen sobre escuelas en Irán. Suspende a Rusia en cuatro días, pero lleva años sin aplicar sus propias reglas contra Israel.

La pregunta no es si la FIFA tiene autoridad moral. La pregunta es por qué seguimos aceptando que un organismo así decida lo que es política y lo que no lo es. La bandera de Malvinas no es política. Es soberanía. Y ninguna multa de la FIFA va a cambiar eso.

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