Economia

¿Donde esta el oro argentino?

Hay silencios que son delito. Hay respuestas que son confesiones. Y hay funcionarios que, cuando se los acorrala con preguntas, eligen mentir dos veces sobre lo mismo: primero sobre dónde está el oro, después sobre quién lo controla.

Los senadores nacionales Juliana Di Tullio, Florencia López y Martín Soria ampliaron este martes 15 de septiembre la denuncia penal contra el presidente Javier Milei, el ministro de Economía Luis Caputo y el titular del Banco Central Santiago Bausili por los delitos de abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público y malversación de caudales públicos. No es una denuncia más. Es la constatación de que el Gobierno sacó del país aproximadamente mil lingotes de oro valuados hoy en unos 1.800 millones de dólares y, dos años después, no puede —o no quiere— explicar dónde están, cómo se usaron y por qué se perdieron 1.000 millones de dólares en el camino.

La mentira de Suiza

El 9 de septiembre, ante el Plenario de las Comisiones de Economía Nacional y Presupuesto del Senado, Bausili dijo que el oro estaba depositado en el Banco de Pagos Internacionales (BIS), en Suiza. Dijo también que las operaciones de 2023, 2024 y 2025 “están y no tienen comentarios”, que habían sido auditadas sin observaciones. Quiso cerrar la controversia con una frase. Lo que hizo fue abrir una herida.

La Auditoría General de la Nación le respondió con un documento firmado por su presidente, Juan Manuel Olmos, que desarma cada palabra. La AGN sostiene que “no ha concluido el análisis pertinente de la documentación remitida por el BCRA” y que la información llegó con “más de un año” de demora por parte de la autoridad monetaria. Es decir: Bausili dijo que todo estaba auditado cuando la auditoría ni siquiera había terminado.

Pero hay algo peor. Según fuentes del propio Banco Central reveladas por Página/12, los lingotes nunca pasaron por Suiza. Están físicamente depositados en el Banco de Inglaterra, en Londres, a nombre del BIS, que tiene sede en Basilea pero opera en distintos bancos del mundo. La senadora Di Tullio lo dijo sin vueltas: “El oro está en Suiza? Nop. Está en Inglaterra. Que Bausili le mienta a los senadores de la nación sobre qué hizo el BCRA con el oro de los argentinos es un escándalo y de una gravedad inusitada”.

La doble contradicción

Los senadores denunciantes no hablan de un error. Hablan de una “doble contradicción” que revela que el Gobierno mintió con cálculo.

La primera: si la ubicación del oro puede informarse públicamente, no se comprende por qué durante más de un año el Banco Central negó sistemáticamente esa información invocando razones de seguridad. La segunda: si la información estaba efectivamente alcanzada por la confidencialidad, entonces corresponde determinar por qué su presidente decidió revelar públicamente una ubicación concreta. En cualquier caso, alguien mintió. Y los senadores sostienen que fue Bausili: “mintió descaradamente en el Senado de la Nación, a los legisladores presentes, y a todo el pueblo argentino”.

La senadora Florencia López fue más lejos: “Estamos totalmente convencidos de que se mintió; hace más de un año que no contestan dónde está el oro ni qué hicieron con él”. Y agregó una sospecha que hiela la sangre: “Pienso que lo pusieron en garantía de un préstamo y no aparecen registros en los balances; para mí, al oro lo negociaron para ellos y temas particulares, no para los argentinos”.

Los US$ 1.000 millones que se esfumaron

El documento de la AGN va más allá del destino geográfico. Le exige al Banco Central que explique cómo se perdieron 1.000 millones de dólares en una operación de futuros realizada con el oro como garantía. Mil millones. No es un error contable. No es una variación de mercado. Es una pérdida que, si la hubiera sufrido un particular, estaría hoy imputado.

Las operaciones habrían sido dos: una compra de futuros que resultó ruinosa y un Repo —una colocación con compromiso de recompra— que tampoco dejó rastro claro en los balances. Bausili, en el Senado, habló de “mejorar la calidad” de los lingotes y comparó la operación con la diferencia entre dólares “cara chica y cara grande”. Caputo, en cambio, había dicho antes que el oro se usó para “sacar un retorno” porque “tenerlo encerrado en el Central, sin hacer nada para el país, es negativo”. Dos explicaciones. Dos funcionarios. Ninguna coincide con la otra. Y mil millones de dólares que no aparecen.

El oro de todos, en el país colonizador

Hay un dato que los senadores subrayan y que excede lo financiero. El oro argentino está en Londres. En el Banco de Inglaterra. En el país que hace dos siglos intenta apropiarse de nuestras Malvinas, que nos bloqueó, que nos endeudó, que nos saqueó. Di Tullio lo dijo con una claridad que incomoda: “El oro tiene que estar ya, inmediatamente, y salir del país colonizador”.

No es una consigna. Es una advertencia. Porque el oro de un país no es un activo financiero más. Es reserva estratégica. Es soberanía. Es el respaldo de una moneda que ya no vale nada y de un pueblo que ya no cree en nadie. Tenerlo en Londres, bajo la custodia de un banco que responde a la corona británica, mientras el Gobierno se niega a decir la verdad durante dos años, no es una decisión técnica. Es una entrega.

Que vuelva a dar la cara

Los senadores del Justicialismo no se conforman con la denuncia penal. Pidieron formalmente que Bausili vuelva al Senado a explicar lo que no explicó. Presentaron un proyecto de resolución para citarlo. Y Martín Soria, en la sesión del 17 de septiembre, planteó una moción de privilegio y lo cruzó sin anestesia: “Le dicen Pinueve porque es más mentiroso que Pinocho”. La ironía no oculta la gravedad: están acusando al presidente del Banco Central de mentir sistemáticamente ante el Congreso de la Nación.

La senadora López vinculó además esta operación con el intento oficialista de reformar la Carta Orgánica del BCRA. “El proyecto que impulsa el Gobierno busca perpetuarlo en el cargo”, denunciaron desde el bloque. La sospecha es evidente: quieren blindar las operaciones con reservas antes de que alguien las audite de verdad.

La pregunta que no se responde

Dos años. Mil lingotes. Mil millones de dólares perdidos. Una auditoría que no termina. Un funcionario que dice Suiza cuando el oro está en Londres. Una AGN que lo desmiente por escrito. Y un Gobierno que sigue sin dar una sola respuesta coherente sobre qué hizo con el patrimonio de todos los argentinos.

Silvio Rodríguez le escribió un discurso fúnebre a un perro de la calle porque entendió que lo que el mundo considera basura también merece memoria. Acá, en la Argentina de Milei y Caputo y Bausili, el oro de todos —el que compraron generaciones de argentinos con esfuerzo, el que debería respaldar el futuro de nuestros hijos— fue enviado en camiones al aeropuerto de Ezeiza en secreto, colocado en Londres bajo custodia británica, usado como garantía de operaciones que perdieron mil millones de dólares, y hoy nadie sabe exactamente dónde está ni qué hicieron con él.

La denuncia está en el juzgado de Ariel Lijo. Los senadores Di Tullio, Soria y López la ampliaron con cada mentira documentada. La AGN desmintió al Banco Central por escrito. Y Florencia López lo dijo con la crudeza que el momento exige: “Para mí, al oro lo negociaron para ellos y temas particulares, no para los argentinos”.

Ojalá se equivoque. Ojalá todo esto sea un malentendido administrativo, una demora burocrática, un error de comunicación. Pero mientras Bausili siga sin volver al Senado a decir la verdad, mientras la auditoría siga sin terminar, mientras los mil millones sigan sin explicación, la única certeza que queda es la que escribió Di Tullio en una red social y que resume dos años de opacidad: “Que Bausili le mienta a los senadores de la nación sobre qué hizo el BCRA con el oro de los argentinos es un escándalo y de una gravedad inusitada”.

Que vuelva. Que explique. Que devuelva el oro. Y que si mintió, lo pague.

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