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Capitanich sera candidato en el Chaco: la provincia que supo crecer y la que hoy se apaga

Mientras Jorge “Coqui” Capitanich se prepara para volver al ruedo como candidato a senador por Fuerza Patria Chaco, la provincia que gobernó durante doce años se desangra. Los números de la gestión actual son elocuentes: más de 8.300 empleos formales perdidos, 42,2% de pobreza en el Gran Resistencia, hospitales colapsados y escuelas que no pueden dar de comer a sus alumnos. Nunca estuvo mejor Chaco que cuando él lo gobernó.

Hay una manera de medir la grandeza de una gestión: ver qué pasa cuando se termina. Y lo que pasó en Chaco desde diciembre de 2023 es un derrumbe. Leandro Zdero recibió una provincia con obra pública en marcha, con un plan de infraestructura ambicioso y con indicadores sociales que, con todas las dificultades propias de una provincia postergada, mostraban una dirección clara. En dos años, todo eso se deshizo.

Lo que se perdió: el empleo

Los números oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino son un golpe al estómago. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, Chaco perdió 8.314 puestos de trabajo privados formales, una caída del 10,7%. Para dimensionar la magnitud: mientras en el país la reducción del empleo registrado fue del 3,8%, en Chaco fue casi tres veces mayor.

La Federación Económica del Chaco lo confirmó con sus propios datos: entre diciembre de 2023 y febrero de 2026 desaparecieron el 11,7% de los puestos de trabajo formales. La tasa de desempleo pasó del 5,6% que había a fines de 2023 al 8,2% hacia el cierre de 2025, con picos superiores al 10%.

Capitanich lo advirtió antes que nadie. En octubre de 2025, cuando aún muchos minimizaban el impacto, denunció: “En 18 meses del modelo libertario, se destruyeron casi 4.700 puestos de trabajo en el Chaco”. Y agregó algo que hoy suena profético: “En el Chaco se perdieron casi 4.700 empleos y hay un 10% menos de empresas”. Detrás de cada número, dijo, hay “familias sin ingresos, trabajadores despedidos, comercios y pymes de más de 25 años que bajan las persianas”.

Lo que se perdió: la dignidad

El Gran Resistencia, el aglomerado más importante de la provincia, cerró el segundo semestre de 2025 con 42,2% de pobreza y 13,2% de indigencia, los peores números de todo el NEA. Uno de cada tres chaqueños no logra cubrir la canasta básica. Una familia necesitó 1.348.922 pesos en febrero de 2026 solo para no ser pobre, con una canasta alimentaria que rondaba los 600.000 pesos.

“Si agregamos todos los gastos, se habla de alrededor de $1.400.000 para cubrir lo mínimo”, señaló Patricia Lezcano, referente del INDEC en Chaco. Con salarios que no acompañan y un mercado laboral que se desintegra, miles de hogares chaqueños quedaron por debajo de la línea de pobreza.

Lo que se perdió: la salud

Los hospitales Perrando y 4 de Junio, las dos principales instituciones sanitarias de la provincia, están desbordados. Desde el bloque del Frente Chaqueño advirtieron sobre “el colapso del sistema sanitario provincial” y denunciaron que el ajuste de Zdero “dejó a los hospitales desbordados ante una demanda que supera el millón de personas”.

Los trabajadores de la salud lo viven a diario. Ingrid Bloch Pedersen, psicóloga del Hospital Pediátrico de Resistencia, denunció “sueldos congelados desde hace casi un año, contratos sin regularizar, falencias a nivel estructural y falta de insumos”. Y fue categórica: “El gobernador busca silenciar a los empleados”.

Las comunidades Qom de Pampa del Indio llevaron al Gobierno de Zdero a la Justicia por la crisis sanitaria. Pese al amparo presentado en mayo de 2026, la causa está “frenada” y los reclamos siguen sin respuesta: falta de médicos, provisión de medicamentos e insumos, y acceso a agua segura.

Lo que se perdió: la educación

La crisis educativa chaqueña es otra herida abierta. En abril de 2026, Marcelo Alvarenga renunció como director de la Escuela N° 982 en El Espinillo con una frase que estremece: “No voy a ser cómplice de un sistema que te obliga a mentir”.

Alvarenga explicó que los fondos no alcanzan ni para dar de comer a los alumnos: “Nos piden que rinda 20 días de comedor cuando yo di solamente 13, que es para lo que me alcanzó el presupuesto”. Y describió el impacto en los chicos: “Un chico no presta atención, desvía la mirada, agacha la cabeza, se duerme. Se descomponen en la fila porque vienen caminando”.

Los docentes chaqueños denunciaron la eliminación de la cláusula gatillo y un ajuste que dejó los salarios “aún más rezagados frente a la inflación”. La comunidad educativa denunció además una reducción a la mitad de las partidas para asistencia alimentaria en los colegios estatales.

Lo que dejó Coqui

Frente a este panorama, la herencia de Capitanich no fue perfecta, pero fue otra cosa. Él mismo lo defendió con datos en 2013: “La pobreza bajó del 76% al 24,3% considerando NBI y pobreza por ingreso provincial”, y la economía chaqueña “creció casi 60%” durante sus primeros seis años de gestión. Los empleos registrados privados formales “crecieron de 47.000 a casi 85.000”.

Pero más allá de los números, lo que dejó fue obra. Un plan de infraestructura “tan importante, tan ambicioso” que, como se reconoció en la Legislatura, “cada una de las obras que el gobernador de la provincia recorre, fueron iniciadas por nuestra gestión: construcción de viviendas, escuelas, hospitales, rutas, asfaltos”.

El Segundo Acueducto, la obra hídrica de 512 km que Capitanich describió como “la más grande de Sudamérica”, es el ejemplo más claro. Su gestión inauguró en 2021 el servicio de agua potable en Charata, avanzó con el ramal central y dejó las primeras pruebas hechas. Zdero, que en su momento se burló del acto de apertura de una canilla, hoy “llega dos años tarde y está muy lejos de la magnitud de la obra”, como le recriminó el propio Capitanich.

La pregunta que flota en el aire

Chaco fue la provincia que supo crecer con obra pública, con empleo formal en alza y con una reducción sostenida de la pobreza. Hoy es la provincia con mayor desocupación del NEA, con hospitales que no dan abasto, con escuelas que no pueden alimentar a sus alumnos y con un sector privado que pierde empleos tres veces más rápido que el promedio nacional.

Capitanich dice que no tiene voluntad de volver a ser gobernador y habla de renovación generacional. Quizás sea cierto. Pero su candidatura a senador lo devuelve al centro de la escena, y con él vuelve la comparación inevitable: el Chaco que él dejó no era el paraíso, pero estaba de pie. El Chaco de hoy, con Zdero y Milei, se está apagando.

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