La mano sionista que mece la cuna de Nuestramerica
Escribo desde Argentina, desde el sur de Nuestramérica. Con la convicción de que no somos el patio trasero de nadie, de que somos hijos de estas tierras y que, como tales, tenemos la obligación de defenderlas. Lo que pasó en Bolivia esta semana no es un hecho aislado. Es una advertencia. Y los que tenemos memoria sabemos leer las señales.
El secuestro de un fiscal y la sombra de Cerimedo
El fiscal general del Estado boliviano, Róger Mariaca, fue aprehendido el miércoles por la noche en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz. El Ministerio Público lo denunció como un secuestro. Junto a él detuvieron al fiscal departamental Alberto Zeballos. La sede de la Fiscalía en Sucre fue allanada por agentes encapuchados. Y el gobierno boliviano, en lugar de defender a su propia institucionalidad, salió a pedirle aclaraciones a Washington. Como si el imperio fuera el árbitro de nuestra soberanía. Como si le pidiéramos permiso al ladrón para revisar si efectivamente nos robó.
La detención ocurrió apenas dos días después de que el Departamento de Estado de Estados Unidos le cancelara la visa a Mariaca y a otros veinte funcionarios bolivianos, acusándolos de recibir sobornos para facilitar el narcotráfico. La misma acusación que usaron contra Maduro, contra Chávez, contra todos los que se atrevieron a plantarse. El libreto es conocido.
¿Por qué Mariaca? Porque estaba investigando a Fernando Cerimedo, el consultor argentino que trabajó para la campaña de Javier Milei y de Jair Bolsonaro. Mariaca lo acusó por el intento de femicidio de su expareja Nadia Beller y por el caso narcomaderas. Cerimedo está con prisión preventiva en Bolivia. Y desde Buenos Aires, el gobierno de Milei guardó un silencio que dice más que mil discursos.
Mariaca lo había advertido con una claridad que hoy suena como una profecía: No retrocederé ni un centímetro. Y agregó: Sabemos que el trabajo que venimos realizando no ha sido del agrado de determinados sectores políticos, tanto dentro como fuera de nuestro país. Sabemos que algunas investigaciones tienen implicaciones que trascienden las fronteras nacionales. Sabía que estaba tocando intereses que no eran solo bolivianos. Y por eso lo fueron a buscar.
Estamos frente a un caso de lawfare internacional. La misma lógica que encarceló a Lula, que proscribió y puso presa a Cristina, que persiguió a Correa, que desestabilizó a Evo. El fiscal que investiga a un consultor vinculado a la derecha continental es apartado por la potencia que protege a ese consultor. No es una coincidencia. Es un método.
El litio, la hidrovía y la guerra que no se declara
La detención ocurre en el contexto de una disputa global por el litio. Bolivia posee las reservas más grandes del mundo, estimadas en 21 millones de toneladas. Y el analista Nicola Hadwa lo dijo sin vueltas: El principal objetivo de Washington es la dominación de los recursos de litio que tiene este país.
El sionismo aparece como aliado incondicional de esa estrategia. No es una teoría conspirativa: es una alianza documentada. Cuando el gobierno de facto de Jeanine Áñez, en plena masacre de Senkata y Sacaba, pidió intervención militar israelí para reprimir la resistencia popular, la mano quedó al descubierto. Y no fue un pedido casual. Fue la respuesta de un gobierno que sabía a quién le debía el poder.
Evo Morales lo denunció desde 2019: el golpe que lo sacó del poder fue por el litio y contra el indio. Y seis años después, el mismo patrón se repite. Otra vez el litio. Otra vez la derecha. Otra vez Washington. Y otra vez el sionismo detrás, sosteniendo la operación.
No es casualidad que Bolivia haya sido uno de los primeros países del mundo en romper relaciones con Israel por el genocidio en Gaza. No es casualidad que hoy, cuando un fiscal boliviano investiga a un operador de la derecha continental, sea apartado con la complicidad del imperio.
Las preguntas que no se hacen los medios
¿Por qué opera Washington en Bolivia? Por el litio, la hidrovía, la influencia regional. El Escudo de las Américas, la alianza que creó Trump, denunció intentos de golpe financiados por el narcotráfico y respaldó al gobierno de Rodrigo Paz. Mientras tanto, el fiscal que investigaba esos vínculos fue secuestrado.
¿Es casualidad que Mariaca sea el fiscal que investiga a Cerimedo? No. Es el mismo patrón que ya vimos con Lula, con Cristina, con Correa. El lawfare no es un fenómeno judicial. Es una herramienta de guerra. Y la guerra es por los recursos.
¿El gobierno boliviano pedirá aclaraciones a Washington? Ya lo hizo. Le pide permiso al imperio para defender su propia institucionalidad. Esa es la profundidad de la subordinación.
Lo que significa para Nuestramérica
Lo que pasó en Bolivia es una advertencia para toda la región. El lawfare no es un fenómeno judicial. Es una herramienta de guerra. Y la guerra es por los recursos: litio, hidrovía, agua, tierras raras.
Bolivia es el laboratorio. Pero el laboratorio se puede replicar en Argentina, en Chile, en Perú, en Brasil. De hecho, ya se está replicando. En Argentina tenemos nuestra propia versión: la proscripción de Cristina, el lawfare contra los dirigentes populares, el avance sobre la tierra y los recursos naturales. En Brasil fue Lula. En Ecuador fue Correa. En Bolivia, hoy, es Mariaca.
La mano que mece la cuna del lawfare es siempre la misma. Y los que creemos en la Patria Grande tenemos que empezar a nombrarla con todas las letras: el sionismo y sus socios locales. No se trata de un sistema judicial fallido. Se trata de una operación de dominación continental.
La advertencia no es nueva: la tuvimos con Maduro, con Evo, con Cristina
La advertencia la tuvimos hace años. La tuvimos cuando secuestraron a Nicolás Maduro en una operación militar ilegal. Cuando atentaron contra la vida de Evo Morales. Cuando persiguieron a Rafael Correa hasta el exilio. Cuando metieron presa a Cristina Fernández de Kirchner con una causa armada. Cuando proscribieron a Lula. Cuando mataron a Berta Cáceres en Honduras. Cuando asesinaron a Fernando Villavicencio en Ecuador.
No nos están avisando de nada. Nos están mostrando el manual completo. El lawfare, la proscripción, el golpe blando, la intervención militar directa, el secuestro de un fiscal. Todo forma parte del mismo repertorio. Y el repertorio se aplica con una lógica implacable: donde hay recursos estratégicos, donde hay gobiernos que no se arrodillan, donde hay pueblos que resisten.
Bolivia no es el laboratorio. Bolivia es la continuación del laboratorio. El laboratorio empezó hace décadas. Y los científicos del imperio ya tienen todas las fórmulas probadas: cómo desestabilizar, cómo judicializar la política, cómo nombrar narcotraficante al que no se somete, cómo vaciar de legitimidad a un gobierno antes de vaciarlo de poder.
Lo que pasó con Mariaca no es un aviso para el futuro. Es la confirmación del presente. La confirmación de que la operación continental está en marcha y no se detiene. La confirmación de que no hay país demasiado pequeño, ni gobierno demasiado legítimo, ni causa demasiado justa, cuando el imperio decide que hay algo que saquear.
Reflexión final: Perón y la hora de los pueblos
Perón lo escribió hace más de setenta años, cuando el mundo se dividía en bloques y América Latina parecía condenada a elegir entre dos imperialismos. Lo dijo con una claridad que hoy, en tiempos de litio y de lawfare, suena más vigente que nunca: El año 2000 nos encontrará unidos o dominados. No hablaba de una profecía, hablaba de una disyuntiva. O construíamos la unidad continental, o nos devoraba la fragmentación.
Perón no era un ingenuo. Sabía que el camino era difícil. En 1946, recién asumido, le escribió a su par uruguayo Luis Alberto de Herrera: Hay que formar los Estados Unidos de Sudamérica. Sabía que era un sueño de difícil realización, pero también sabía que había que agitarlo para preparar los espíritus. No se trataba de un capricho geopolítico. Se trataba de una necesidad de supervivencia. Porque, como él mismo explicó en su discurso de la Escuela Nacional de Guerra en 1953, el futuro de los pueblos y el futuro de las naciones estará extraordinariamente influido por la magnitud de las reservas que posean: reservas de alimentos y reservas de materias primas. Ocho décadas después, esa frase es un diagnóstico exacto de la guerra por el litio, el agua y las tierras raras.
Y Perón advertía contra la trampa que hoy vuelve a tender el imperio: la intervención extranjera disfrazada de cooperación. Esa integración ha de ser obra de nuestros países sin intervenciones extrañas de ninguna clase. Lo decía en 1974, cuando ya había visto caer gobiernos populares en toda la región. Y lo decía porque sabía que cada vez que un pueblo intenta liberarse, aparece una potencia a ofrecer ayuda para después cobrarla con soberanía.
Pero quizás la frase más profunda, la que resume el porqué de toda esta lucha, es la que Perón dejó en su mensaje a la juventud del año 2000: Liberarse es la palabra de orden en la lucha actual. Nosotros debemos liberarnos de las fuerzas de ocupación que hacen posible la explotación y dominación imperialista. No hablaba de una liberación abstracta. Hablaba de sacarse de encima a los que ocupan, a los que condicionan, a los que saquean. Y agregaba algo que hoy es más urgente que nunca: Los grandes movimientos libertarios sólo pueden realizarse por la unión y solidaridad de todos los pueblos que aspiran a ella.
Lo que pasó con Mariaca en Bolivia es una muestra más de lo que Perón denunciaba: No somos países subdesarrollados, somos países esquilmados desde afuera y destrozados desde los centros vernáculos de la oligarquía. La esquilma continúa. Cambian los nombres, cambian los métodos, pero el objetivo es el mismo: que no seamos dueños de nuestro litio, de nuestra agua, de nuestra tierra.
Hoy, cuando Washington secuestra fiscales y Tel Aviv sostiene las operaciones, la disyuntiva de Perón sigue vigente. Unidos o dominados. No hay tercera vía. No hay neutralidad posible. O construimos la Patria Grande con soberanía sobre nuestros recursos y nuestras instituciones, o seguimos siendo el patio trasero donde el imperio viene a saquear y a imponer gobiernos.
La respuesta no puede ser la ingenuidad. No alcanza con denunciar. Hay que construir soberanía. Soberanía sobre los recursos, sobre la justicia, sobre la información. Soberanía cognitiva para no tragar el relato de Washington y de Tel Aviv. Soberanía política para que ningún fiscal que investigue al poder sea apartado por una visa revocada.
Y sobre todo, unidad continental. Porque mientras estemos divididos, el imperio gana. Mientras nos peleen entre nosotros, el saqueo continúa. Mientras nos distraigan con la grieta, el litio se va.
Los que tenemos memoria sabemos lo que significa esta operación. Los que tenemos conciencia sabemos lo que está en juego. Y los que tenemos corazón sabemos por qué luchamos: porque esta tierra es nuestra, porque estos pueblos son nuestros hermanos, y porque la Patria Grande no se vende.
Somos hijos de estas tierras. Y como tales, tenemos la obligación de defenderlas. Sin pedir permiso. Sin bajar la cabeza. Sin olvidar de qué lado estamos.
Periodista independiente. Militante político. Convencido de que la Patria Grande debe ser libre, justa y soberana.
