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Juliana Ben, poeta y antropóloga brasileña, habla de la derrota electoral, la fractura colonial y la poesía como herramienta de resistencia

Juliana Ben nació en Porto Alegre en 1983. Es poeta, escritora, productora cultural, performer y antropóloga. Escribe desde hace más de una década, y lo hace desde un lugar que no es común: el cruce entre la poesía, el pensamiento antropológico y la militancia política.

Es autora de cuatro libros individuales: Instrumentos de trabalho (2026), Duração (2021), Preia-mar (2018) y Te encontro nas minhas linhas em branco (2012). También publicó las obras colectivas Revoluta (2019) y Abrasabarca (2018). Sus textos aparecieron en revistas de Brasil, Portugal y Argentina, entre ellas SubVersa, Portal Catarinas, Felisberta y Avenir Cuaderno.

Desde 2019 organiza en Florianópolis el Festival de Literatura Pela Ilha Palavra Amplificada (PIPA), un espacio que reúne a voces de todo el continente y que se ha convertido en una referencia para la literatura contemporánea brasileña.

Pero su biografía no es solo literaria. Juliana Ben piensa Brasil desde la herida colonial. Habla de Darcy Ribeiro, de Foucault, de bell hooks, de Emma Goldman, de los pueblos indígenas y quilombolas. Su mirada es antropológica y poética a la vez: mira lo que duele y lo nombra con belleza.

En la entrevista que sigue, Juliana habla de la derrota electoral del domingo, de la fractura cultural que se hizo visible, del avance de la extrema derecha, del poder de las big techs, de la poesía como herramienta de resistencia y de las preguntas que la izquierda debe hacerse si quiere volver a ser mayoría.

No es una conversación fácil. No da recetas. Pero ofrece algo más valioso: un diagnóstico honesto, una autocrítica necesaria y una convicción inclaudicable en que la resistencia es posible.

“O Brasil não cabe no quintal de ninguém” , dice, citando una consigna que resume su pensamiento. Y después agrega: “Seguiremos resistiendo como lo hemos hecho desde 1500” .

Con ustedes, Juliana Ben.

NAH – Desde tu mirada antropológica, ¿qué fractura cultural se hizo visible en la derrota del domingo? ¿Qué nos dice el Brasil de hoy sobre la identidad, la pertenencia y la comunidad?

JU – Hay una frase famosa de Darcy Ribeiro, un gran historiador brasileño, que dice “o Brasil não é para principiantes”. Hay una complejidad que cuesta a desnudar y que explica, al menos en parte, las contradicciones del pueblo brasileño y del sistema político, social, económico y cultural en que vivimos a nivel nacional. Esa fractura cultural a la que te referís empieza en 1500 con la llegada de los colonizadores. Pienso que mirar hacia atrás es fundamental para comprender el presente y también para soñar con futuros más amables y generosos. El Brasil de hoy es un Brasil hermoso y terrible a la vez. De un lado tenemos la fuerza de los movimientos sociales y los logros que alcanzamos como sociedad en los últimos 25 años. Del otro lado, tenemos el odio de clase, el pánico moral inyectado por las extremas derechas en la población, el avance del pensamiento negacionista y antifeminista, el poder y la influencia de las big techs en nuestras sociedades latinoamericanas. Y en medio de todo eso tenemos la alegría, la creatividad y la capacidad de reinvención, que hace parte de nuestra identidad brasileña, que va más allá de los binarismos políticos contemporáneos y que nos une cómo pueblo. Me agarro en eso porque creo que somos – y podemos – mucho más de lo que dicen los binarismos o los algoritmos de las redes sociales. 

NAH – Como poeta y militante, ¿cómo nombrás esto que sentimos? ¿Es una derrota, un retroceso, una pausa, un tropezón? ¿Qué imágenes o palabras te surgen?

Ju – Es una derrota, no hay duda, pero es transitoria, así cómo todo. Obvio que en un escenario de avance de la extrema derecha en nivel latinoamericano y mundial, de dominio de la IA y de las big techs sobre nuestras sociedades y de cambios climáticos extremos, con chances reales de extinción de nuestra especie en un futuro cercano, la cosa del transitorio es un poco más compleja. Pero dónde hay poder, hay resistencia, ya lo decía Foucault, así las palabras que me surgen son esas: resistencia, organización colectiva y seguir soñando y reinventando maneras de habitar el mundo. 

NAH -¿Qué puede aportar la poesía a la comprensión política? ¿Sirve para sanar, para comprender, o para volver a imaginar un futuro posible?

Ju – La poesía para mí es amor, incluso cuando habla desde el enojo, desde la tristeza o desde cualquier otro sentimiento. Y hablo acá de un sentido amplio del amor, que incluye el amor por la tierra, por los seres vivos en general, por la lucha cotidiana, por el alimento diario – de comida, de ideas, de relaciones. Y el amor es un sentimiento ancestral y creativo, es una acción, cómo nos enseña bell hooks, un sentimiento que nos moviliza y nos transforma. El futuro es ancestral y la poesía hace parte de ese futuro. Nunca ha sido tan importante escuchar y aprender de los pueblos indígenas y quilombolas, quienes desde hace siglos reinventan sus vidas con perseverancia, cuidado y amor. La poesía contemporánea, por lo menos la que se hace en Brasil y en otros países de Latino America hoy, está muy conectada con los saberes y haceres de las sociedades tradicionales – sociedades originalmente sin Estado, hay que decirlo. Los y las poetas somos “gente rara”, gente salvaje, gente soñadora y vamos a seguir haciendo lo que sabemos hacer, lo que nos gusta hacer, lo que necesitamos hacer: imaginar y escribir nuevos mundos posibles. 

NAH – De cara a la segunda vuelta, ¿qué haría falta para ganar? ¿Qué le dirías a quienes no fueron a votar o todavía no se deciden?

Ju – Es muy difícil prever lo que va a pasar en las próximas dos semanas en Brasil y tampoco es fácil saber qué se puede hacer para prevenir que lo peor ocurra. Pero creo que necesitamos hablar con la gente que no fue a votar y también con la gente que votó a la extrema derecha sin mucha convicción, porque cree que necesitamos un cambio, porque no está satisfecha con el gobierno actual. Se dice mucho que necesitamos hablar con esa gente pero es difícil encontrar los argumentos para hablar, porque, al parecer, mostrar datos y hechos reales que comprueban que el candidato a presidencia, de PL, es corrupto, miliciano y que quiere destruir nuestro país, nuestra soberanía, no es suficiente para convencer la gente. Así que creo que lo mejor que se puede hacer es mostrar que nosotres – los votantes de Lula, los votantes sin convicción del otro candidato y los que no fueron a votar – no somos tan distintos y que en el fondo queremos todes vivir en un país mejor, con más justicia social, con una educación mejor, con trabajo para todes, con 2 dias de descanso para todes los, las y les trabajadores. Y mostrar que el candidato de la família Bolsonaro representa el opuesto a todo eso y votar en él significa cavar una fosa profunda en la que todes caeremos.

NAH – Después de todo, ¿qué preguntas debería hacerse la militancia hoy? ¿Cómo se reconstruye la esperanza desde abajo, desde los territorios y los afectos de cara a segunda vuelta?

Ju – La militancia debería preguntarse por qué estamos perdiendo tanta gente para la extrema derecha. ¿Por qué hay tanta gente insatisfecha con el gobierno Lula, que a muchos de nosotros nos parece un buen gobierno? ¿Cómo puede cambiar tanto la percepción de la gente acerca de la gestión pública y de los avances que Lula quiere hacer, como el fin de la escala 6 x 1 o el aumento de los beneficios sociales, como el Bolsa Familia? La izquierda necesita mirarse a sí misma y comprender sus errores y elecciones para que podamos avanzar hacia una sociedad que reconozca su capacidad colectiva de reinventarse, una sociedad que no esté a merced de las grandes empresas tecnológicas y las grandes corporaciones, que se dé cuenta de que el capitalismo ha fracasado, o mejor dicho, que nunca fue y nunca será un sistema capaz de llevarnos a la justicia social y al “bem-viver”. 

Para Espinoza la esperanza es una alegría inestable y por hacer par con el miedo, que es una tristeza inestable, la esperanza no siempre es buena compañera. Prefiero pensar en la rebeldía y en el amor como afectos fundamentales para reconstruir nuestro sentido de pertenencia, de comunidad, de naturaleza. La mejor manera de construir el futuro es vivir el presente y vivir el presente es tejer y fortalecer vínculos entre nosotros, cuidar de nuestra salud, cuidar de la vida no humana, estar “atento e forte”, como en la canción de Gal Costa. Vivir el presente es también aceptar la vulnerabilidad, como impulso a una mirada más sensible y conectada con los demás, como nos han enseñado los feminismos contemporáneos decoloniales y los movimientos LGTBQIAP+. Nosotros, nosotras y nosotres vamos a seguir adelante como siempre hicimos, no importa lo que pase. Nuestras armas más poderosas son el amor, la alegría, la creatividad, el conocimiento y la perseverancia. Y eso es muy valioso, es nuestro, nadie nos lo quita.«Si no puedo bailar, no es mi revolución», ya decía la anarquista y femenista Emma Goldman. Seguiremos resistiendo como lo hemos hecho desde 1500. “O Brasil não cabe no quintal de ninguém” (Brasil no cabe en el patio trasero de nadie). 

La poesía como trinchera

Juliana Ben no ofrece consuelo. Ofrece lucidez. Su voz no viene a cerrar heridas, viene a nombrarlas para que no se olviden. Cuando dice que el futuro es ancestral, está diciendo algo que incomoda a la izquierda ilustrada: que la sabiduría no está en los manuales, está en los territorios, en los pueblos que resistieron 500 años de exterminio, en las mujeres que sostuvieron la vida cuando todo alrededor era muerte. Su poesía no es un adorno. Es un método de conocimiento.

Esta entrevista deja una lección para la militancia de Nuestramérica. Los sectores populares no pueden seguir ganando elecciones solo por el miedo a la extrema derecha. Tienen que construir mayoría con propuestas, con arraigo, con una narrativa que interpele a los que hoy no los votan. Tienen que mirarse a sí mismos y comprender sus errores. Tienen que hablar con la gente que no fue a votar y con la que votó sin convicción. Y tienen que hacerlo sin renunciar a lo que los hace únicos: la defensa de la justicia social, el derecho a la tierra, al trabajo digno, al pan en la mesa, a la salud, a la educación pública, a la soberanía. “Seguiremos resistiendo como lo hemos hecho desde 1500”, dice Juliana. Y ahí está la clave: la resistencia no empieza hoy. Viene de lejos. Viene de los pueblos originarios, de los esclavizados que se rebelaron, de las mujeres que parieron en la miseria y criaron con amor, de los poetas que escribieron en la clandestinidad. La derrota es transitoria. La lucha es permanente. Y la poesía, como el amor, como la rebeldía, es una forma de seguir peleando.

Entrevista realizada por Nahuel Hidalgo
Jefe de Redacción – Redglobal.ar

Para conocer más sobre la obra y el pensamiento de Juliana Ben, se puede visitar su sitio web: julianaben.wordpress.com

Sobre las fotos: Foto principal de la nota (mana_feira_eden) de Cândice Guzmán y foto de cierre por Thaís Alemany.

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