La Marina Mercante Argentina: Crónica de un desguace anunciado
Por Nahuel Hidalgo
Una vez más, la Marina Mercante argentina se encuentra al borde del abismo. Las advertencias de legisladores como Agustina Propato y los gritos de alarma de los trabajadores del sector no son exagerados; son el diagnóstico preciso de una “crónica de una muerte anunciada”. Un decreto del Poder Ejecutivo, el DNU 340/2025, buscó desregular la actividad hasta niveles extremos, y aunque fue rechazado por el Congreso, dejó al descubierto un modelo de país que privilegia la desindustrialización y cede soberanía logística a cambio de una competitividad espuria. La situación actual es la de un sector que logró esquivar un balazo, pero que sigue gravemente herido por problemas estructurales que el poder político se niega a resolver.
El diagnóstico: Un modelo que ya conocemos
Como señaló con lucidez la diputada Agustina Propato, “nada nuevo bajo el sol”. El decreto 340 es la reedición de un libreto ya visto en los años 90, que llevó a la desaparición de ELMA y a la liquidación de gran parte de la flota nacional. Este modelo, impulsado por recetas de organismos internacionales, busca primarizar la economía y desmontar la industria nacional. En este esquema, una marina mercante fuerte sobra, porque la lógica es exportar commodities sin valor agregado en buques extranjeros. La advertencia de Propato es clara: se trata de una “decisión de desindustrialización” que nos condena a ser otra vez “el granero del mundo”.
La advertencia técnica: No es el costo, es la logística
Jorge Tirabassi, Presidente del Centro de Capitanes de Ultramar, aportó el argumento técnico que desnuda la falsa solución del decreto. El problema no es, únicamente, el costo laboral. El problema es la logística inviable. Con el ejemplo concreto del buque “Asturiano 2”, demostró cómo un viaje que debería durar 15 días se extiende a 30 debido a deficiencias estructurales: los buques cargueros son desplazados por cruceros turísticos en Ushuaia y se pudren en trámites aduaneros absurdos en el puerto de Buenos Aires. El DNU 340 no solo no resolvía ninguno de estos problemas, sino que su única “solución” era transformar a los marinos argentinos en “extranjeros en su propio país”, obligándolos a regirse por las leyes laborales de banderas de conveniencia como Liberia o Panamá, con cero derechos. Como bien dijo Tirabassi, “este decreto no le sirve a nadie”.
La dignidad del trabajador: “Queremos ser argentinos en Argentina”
Mariano Vilar, del Sindicato de Conductores Navales, le puso el cuerpo y el corazón al conflicto. Con la escarapela de Mayo como símbolo, interpeló a la clase política: “A nadie se le ocurre bajar una bandera de una escuela… y poner una bandera liberiana”. Su reclamo no es solo económico, es por dignidad. Los trabajadores están dispuestos a sentarse a discutir, pero denuncian que el Estado está ausente, que solo ve pasar el conflicto y que el ajuste siempre recae sobre sus salarios, mientras no se tocan los impuestos que ahogan a las empresas, como el del gasoil. La desregulación no es más que la entrega de la dignidad laboral y la soberanía.
Un frente unico para una batalla decisiva
Hoy es la marina mercante y sus 4.000 puestos de trabajo directos. Mañana será el sector pesquero, y pasado, los capitanes de ultramar. La estrategia del gobierno parece ser la de fragmentar a los sectores para vencerlos de a uno. La salida, como pidió Propato, es la inteligencia de la unión. Es fundamental rechazar de plano cualquier medida que, como el DNU 340, intente desguazar el sector. Pero también es imperativo que el Estado, de una vez por todas, convoque a una mesa seria que aborde los verdaderos problemas de competitividad: la logística portuaria, la burocracia aduanera y los costos estructurales. La Marina Mercante no es un gasto, es una herramienta de soberanía, defensa nacional y desarrollo industrial. Perderla sería perder una vez más la oportunidad de tener un país con independencia económica y dignidad para su pueblo.
