Internacional

Crónica de una diplomacia de sombras: El Origen: Las “Fuerzas del Cielo” y el Rebe

Todo comienza en un rincón del Bronx, Nueva York. Una pequeña congregación judía ultraortodoxa, el Chabad de East Bronx, se queda sin hogar por falta de fondos. En un giro que parece extraído de un cuento de hermandad universal, una mezquita local, el Centro Cultural Islámico de América del Norte, les abre sus puertas de forma gratuita. Sin embargo, detrás de esta “historia inspiradora” de convivencia, se esconde la maquinaria de la secta Jabad-Lubavitch, una red global con terminales en los despachos de los hombres más poderosos de la Tierra.

El Rebe Menachem Mendel Schneerson, líder espiritual de Jabad, es la figura cuya fecha de nacimiento (18 de abril) aparece resaltada en boletines estratégicos enviados directamente a la cuenta privada de Jeffrey Epstein. Esta organización no es solo una rama del judaísmo; es el tejido conectivo que permite que un Sultán árabe y el lobby sionista se den la mano en la oscuridad.

El nudo: El mapa genético de un Sultán en Tel Aviv

Mientras el mundo creía que no existían relaciones entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel, la familia de uno de los hombres más influyentes de la logística global, el Sultán Ahmad Sulan Bin Sulayem, ya operaba en territorio israelí bajo un velo de confidencialidad absoluta.

Documentos médicos filtrados del Centro Médico Assaf Harofeh (hoy Shamir) revelan que, entre 2017 y 2018, la familia real de Dubái no solo buscaba salud, sino que entregaba su intimidad más profunda al Estado de Israel. La hija del Sultán, Shaikha Sultan Bin Sulayem, fue sometida a un protocolo avanzado de Oxigenación Hiperbárica (HBOT) para inducir neuroplasticidad cerebral, bajo la supervisión del renombrado Prof. Shai Efrati.

Pero el dato más inquietante es el siguiente: toda la familia Sulayem se sometió a Pruebas de Secuenciación del Genoma Completo en Israel. En un mundo donde la genética es el nuevo campo de batalla de la inteligencia, el Sultán de los puertos de Dubái puso su ADN y el de sus hijos en manos de científicos vinculados al sistema de defensa israelí.

El operador: Jeffrey Epstein, el Guardián de los Pasaportes

¿Cómo llegaron estos documentos médicos y pasaportes a los dispositivos de Jeffrey Epstein? La respuesta transforma al delincuente sexual en un operador de inteligencia de alto nivel. Epstein no era un simple invitado; era el engranaje logístico que custodiaba las identidades temporales y los registros médicos de la élite de Dubái en Israel.

Los correos electrónicos muestran una comunicación fluida: el Sultán enviando ubicaciones a Epstein y recibiendo, a cambio, boletines estratégicos del lobby sionista AICE que explicaban cómo combatir a los enemigos de Israel y ensalzaban la figura del Rebe. Era una triangulación perfecta: Poder Árabe, Ciencia Israelí e Influencia en Washington, todo aceitado por Epstein.

El desenlace: El hilo que llega hasta hoy

El hilo que comenzó con el Rebe de Lubavitch no se cortó con la muerte de Epstein. Hoy, esa misma simbología de las “Fuerzas del Cielo” y la devoción por Jabad reaparecen en figuras políticas contemporáneas, como el presidente argentino Javier Milei, quien ha hecho de Jabad y su alineación con Israel la columna vertebral de su política exterior.

Lo que estos documentos demuestran es que no se trata solo de fe, sino de una estructura de poder preexistente. Una red donde la genética, la logística de puertos y el misticismo religioso se entrelazan para gestionar el mundo por fuera de las instituciones democráticas. El Rebe puso la fe, el Sultán puso el dinero, Israel puso la ciencia y Epstein… Epstein guardó los secretos hasta que el hilo se volvió demasiado grueso para ocultarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *