Internacional

Lula acaba de devolverle el tiempo a los trabajadores: Brasil aprueba el fin de la jornada 6×1 sin recorte salarial

El Senado brasileño aprobó por 75 votos a favor y uno en contra la enmienda constitucional que reduce la jornada máxima de 44 a 40 horas semanales y establece dos días de descanso remunerado. Mientras Lula celebra “más tiempo para vivir”, en Argentina la reforma laboral de Milei habilitó jornadas de hasta 12 horas y el 38,6% de los trabajadores necesita un segundo empleo para sobrevivir.

El Senado de Brasil aprobó este miércoles por 75 votos a favor y uno en contra la Propuesta de Enmienda Constitucional que pone fin a la escala laboral 6×1, reduce la jornada máxima de 44 a 40 horas semanales y garantiza dos días de descanso remunerado, todo sin reducción de salarios. La medida, impulsada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, beneficia a 22 millones de trabajadores con empleo formal y fue celebrada como una “conquista histórica” por el mandatario brasileño.

La transición será gradual: 60 días después de la promulgación, la jornada bajará a 42 horas semanales y se adoptará la escala 5×2. Un año más tarde, se reducirá definitivamente a 40 horas. El único voto en contra fue del senador Hamilton Mourão, mientras que el opositor Flávio Bolsonaro terminó acompañando el proyecto ante el “clamor popular”.

Lula celebró la aprobación con una frase que resume la filosofía de la medida: “El fin de la 6×1 es más que un cambio en la jornada. Es más tiempo para vivir, descansar, estar con la familia, acompañar el crecimiento de los hijos, cuidarse y disfrutar de la vida. Quien trabaja tanto para construir el Brasil también merece tiempo para vivir”. Y agregó: “Fue una conquista que salió de la calle y de un deseo histórico del pueblo trabajador”.

El contraste argentino: más horas para ganar menos

Mientras Brasil reduce la jornada y mantiene los salarios, Argentina transita el camino inverso. La reforma laboral que Javier Milei convirtió en ley en febrero de 2026 —la mayor en 50 años— permite extender la jornada diaria de 8 a 12 horas, vuelve optativo el pago de horas extras y abarata los despidos. No es una excepción normativa: es un modelo.–

Los datos del mercado laboral argentino reflejan el resultado de ese modelo. El 38,6% de los trabajadores necesita complementar sus ingresos con changas, aplicaciones o un segundo empleo para llegar a fin de mes. El pluriempleo alcanzó su máximo histórico: el 11,5% de las personas ocupadas —más de 2,2 millones de argentinos— tiene dos o más trabajos. Y uno de cada cinco ocupados trabaja más de 45 horas semanales, un indicador que refleja la necesidad de extender la jornada para sostener los ingresos.

El dato más demoledor no es el salario formal, sino el ingreso disponible: el dinero que queda después de pagar vivienda, servicios, salud, educación y transporte. Desde noviembre de 2023, el ingreso disponible de los trabajadores formales privados cayó un 22%. Si se incluye a los empleados públicos, la caída llega al 31,2%. El salario privado real perdió apenas un 3,6%, pero el dinero que realmente queda para gastar, ahorrar o pagar deudas se derrumbó más de un 20%. Es la diferencia entre una estadística que tranquiliza y un bolsillo que no llega a fin de mes.-31

Dos proyectos de país, una misma región

La comparación expone dos concepciones antagónicas del trabajo y de la vida. Para Lula, el tiempo es un bien que debe ser recuperado por el trabajador. La jornada de 40 horas y los dos días de descanso son una conquista civilizatoria: la posibilidad de que un laburante pueda estar con sus hijos, cuidar su salud y disfrutar de algo más que la rutina de la supervivencia.

Para Milei, el tiempo es una mercancía que se estira hasta el límite. La jornada de 12 horas, la opcionalidad de las horas extras y la flexibilización total son herramientas para que las empresas ajusten costos sobre el cuerpo de los trabajadores. El resultado está a la vista: más horas trabajadas, más empleos complementarios, más endeudamiento y menos dinero disponible para vivir.

El presidente brasileño lo dijo sin vueltas: “Quien trabaja tanto para construir el Brasil también merece tiempo para vivir”. En Argentina, la frase que mejor describe la realidad es otra: trabajar más para ganar menos. Mientras Lula devuelve horas de vida a los trabajadores, Milei les exige horas de supervivencia.

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