Economia

La crisis de gestión que se volvió un papelón: Milei insulta en redes y la desaprobación roza el 65%

Por Nahuel Hidalgo

La combinación de una caída estrepitosa en las encuestas y un accionar cada vez más errático en el terreno digital ha llevado al gobierno de Javier Milei a un punto crítico. El episodio ocurrido en las últimas horas, donde el propio Presidente de la Nación insultó a los usuarios en los comentarios de una publicación periodística de Infobae, expone una crisis de comunicación sin precedentes, y deja al descubierto una profunda incoherencia en su discurso y un nivel de agresividad que roza el fondo de la olla institucional.

La caída libre en los números

El malestar social ya no es una percepción, es un dato estadístico. Según la consultora Zuban Córdoba y Asociados, la desaprobación de la gestión de Milei ha trepado al 65,3%, mientras que la aprobación se desplomó a un magro 33,4%. En la misma línea, la imagen negativa del mandatario alcanza el 61,3%.

La encuesta de la Universidad de San Andrés (U. de San Andrés) es aún más cruda en su diagnóstico: el 60% de los argentinos desaprueba su administración, y al pedirles que definan al presidente con una palabra, los términos que predominan entre sus detractores son “asco”, “rechazo”, “vergüenza” y “decepción”. La consultora Atlas Intel, por su parte, registra un 59% de imagen negativa y un 71% de la población que considera que la situación económica es “mala” o “muy mala”.

El insulto como respuesta y la incoherencia de fondo

La gravedad institucional alcanzó su punto máximo cuando, lejos de dar explicaciones o mostrar empatía por la crisis económica, Milei optó por el ataque directo. Todo comenzó a raíz de sus polémicas declaraciones en Neuquén, donde puso en duda la realidad de los argentinos que no llegan a fin de mes, preguntando de forma literal cómo harían para sobrevivir diez días sin comer ni beber si se quedaban sin dinero el día 20.

Frente a la ola de críticas y memes, el Presidente no salió a rectificarse con altura, sino a redoblar la apuesta. En un mensaje publicado en mayúsculas en el chat del vivo de Infobae, el mandatario arremetió: “Imbéciles, expliquen cómo se vive sin comer y sin beber durante 10 días”. La ironía y la contradicción son mayúsculas: un presidente que había construido su relato sobre la libertad y la meritocracia terminó recurriendo a la descalificación más básica contra ciudadanos y periodistas que le marcaban la realidad económica del país.

La doble vara y el retroceso

La incoherencia no terminó ahí. Tras la viralización de sus insultos, Milei se vio obligado a retroceder y a publicar un extenso texto titulado “Desmontando operetas” para intentar explicar que él sí entendía qué significa “no llegar a fin de mes”. En ese mismo mensaje, volvió a atacar, tildando de “precarios” e “ignorantes” a quienes lo criticaban y acusando a los encuestadores de ser “operadores”.-11-12

Esta reacción expone una doble vara preocupante: mientras el Presidente se permite insultar y agraviar desde su cuenta oficial, exige a los demás un nivel de argumentación que él mismo no está dispuesto a dar. La crisis de comunicación es total cuando la máxima investidura del país se reduce a una pelea de comentarios en redes sociales.

El fondo de la olla

El gobierno de Milei está raspando el fondo de la olla. No solo por los números de las encuestas, que reflejan un rechazo social contundente, sino por la metodología que está utilizando para sostenerse. La agresividad, el insulto fácil y la negación de la realidad económica de miles de familias argentinas ya no son una estrategia de campaña; son un síntoma de desesperación.

El episodio de Infobae es la postal de una administración que ha perdido el rumbo y el decoro. Un presidente que, en lugar de gobernar para todos, se encierra en su burbuja digital a insultar a quienes se atreven a señalar que la realidad les golpea la puerta. La gravedad institucional es irreversible y la incoherencia de su accionar deja al descubierto que, en el fondo, no hay un plan, sino una profunda crisis de gestión y de empatía.

En lugar de bajar los decibeles o mostrar un mínimo de empatía, el Presidente redobló la apuesta. A través de su cuenta de X, publicó un mensaje titulado “Desmontando operetas”, donde volvió a utilizar un lenguaje pseudointelectual para insultar a los periodistas y a los propios ciudadanos. Calificó a los críticos de “ignorantes” y “pobres intelectualmente”, y para justificar su postura, apeló a la “lógica intertemporal del crédito” y al uso de tarjetas. En su lógica de laboratorio, el drama de una familia que se endeuda para comprar comida se reduce a un simple error de comprensión financiera. Este grado de literalidad extrema y desconexión con la realidad no es nuevo: ya lo había demostrado cuando, para negar la crisis, aseguró que si la gente realmente no llegaba a fin de mes “las calles tendrían que estar llenas de cadáveres”. La incoherencia es total. Un presidente que dice defender la libertad responde con insultos, y un supuesto experto en economía demuestra no entender que, para el trabajador que llega al día 20 con la tarjeta al límite, el problema no es la “lógica intertemporal”, sino la heladera vacía.

La realidad de un trabajador no se agota en un vaso de agua o un plato de comida. A la crisis no solo se la enfrenta sobreviviendo al día a día, sino lidiando con el peso de los impuestos, la compra de medicamentos que no bajan, el alquiler que vence religiosamente y la plata que hace falta para viajar al trabajo. Esa es la economía real que el Presidente parece no ver. Resulta increíble que la máxima autoridad del país reduzca semejante angustia a una boludez estadística. Pero si hay algo que termina de exponer el nivel de esta gestión es la inutilidad política: no debe haber en el mundo un presidente tan incapaz que, además de no gestionar, ni siquiera sepa vender el cuentito liberal. Ni siquiera eso le sale.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *