En el Día Internacional del Vendedor, los trabajadores de la vía pública de Quilmes, Berazategui y Varela reivindican su oficio: Entrevista a Martin Becerra
La esquina de Rivadavia y Gaboto está llena de gente. Los puestos están armados como todos los días. La mercadería acomodada con cuidado, el olorcito a bondiola y chori, la bijouterie, algún juguete, las facturas, el café. Es el paisaje cotidiano de miles de trabajadores que no se rinden. La gente pasa, mira, pero compra poco. Muy poco. En ese contexto, los vendedores de la vía pública celebran su día con más necesidad que festejo. Y con una certeza: organizarse es la única forma de resistir.
“Es duro. Mirá la cara de la gente. La gente está enojada, y con razón. No es que no quieran comprar. Es que no pueden. La plata no alcanza para nada”, dice Martín Becerra, Secretario General del SIVEP Quilmes, Berazategui y Varela. “Nuestros compañeros están acá, en la calle, bancándose el frío, el sol, la lluvia, esperando que alguien se acerque. Y cuando alguien compra, aunque sea una media, aunque sea una funda, al compañero le cambia el día. Se le ilumina la cara. Porque sabe que con eso come hoy”.
El sector no pide lástima. Pide respeto. “Los compañeros se levantan a las cinco de la mañana para ir a buscar la mercadería, para armar el puesto, para estar acá. Y lo hacen con dignidad”, afirma Becerra. Y en el Día Internacional del Vendedor, esa frase resume la lucha de miles de familias que viven del trabajo en la calle.
El termómetro de una crisis que no para
Los vendedores son los primeros en sentir el humor social. “La gente está mal, está nerviosa, está enojada. Y los compañeros son los primeros que lo perciben. La calle es un termómetro de lo que pasa en el país. Y el termómetro está que explota”, relata Becerra.
Organizarse para no ser presa fácil
El SIVEP crece en Quilmes, Berazategui y Varela. Y ese crecimiento tiene una explicación concreta: la organización es la única herramienta de los trabajadores para defenderse. “El gremio crece porque los compañeros ven que acá hay una respuesta. En la Capital, el gobierno de Jorge Macri se ensañó con los laburantes: los persiguen, les decomisan todo, hay abuso policial. Es indignante ver cómo se la agarran contra personas que buscan poner el pan en la mesa. Pero bueno, en provincia hay un gobierno más humano, que conoce la situación del trabajador de la vía pública y no lo persigue. Esa es la diferencia”, explica Becerra.
Un mensaje para los que se levantan temprano
En su día, el mensaje del SIVEP es para todos los trabajadores del sector. “Que no bajen los brazos. Que sigan. Que la calle es dura, pero que no están solos. Que se acerquen al sindicato, que se organicen, que se junten. Porque solos no podemos. Juntos sí”, dice Becerra. Y cierra: “Que no se olviden de que lo que hacen es digno. Muy digno. Cada compañero que se levanta temprano para armar su puesto está bancando a su familia. Está aportando a este país. Y eso no tiene precio”.
La grabación se corta. Los puestos siguen armados. Una señora se acerca, mira unos chipas, pregunta el precio. La venta se cierra. Y en la esquina de Rivadavia y Gaboto, por un momento, un vendedor sonrie.
