Internacional

Brasil 2026: Anatomía de una guerra híbrida

Por Nahuel Hidalgo

La derrota de Lula en primera vuelta no se decidió solo en las urnas. Un entramado transnacional de desinformación, financiamiento externo y operadores digitales inclinó la cancha antes del 4 de octubre.

El domingo 4 de octubre de 2026, Luiz Inácio Lula da Silva votó en São Paulo acompañado de su vicepresidente, Geraldo Alckmin. Tras emitir su sufragio, ambos posaron con la bandera de Brasil. Fue un gesto breve, casi protocolario. En cuestión de horas, ese momento se convirtió en el epicentro de una operación de desinformación que trascendió las fronteras brasileñas.

Publicaciones en múltiples plataformas afirmaban, sin pruebas, que Lula había “tirado”, “arrojado” o “dejado” la bandera en el suelo, en un supuesto gesto de desprecio al símbolo nacional. Las imágenes, difundidas a velocidad viral, provenían de ángulos que no permitían ver con claridad el destino final de la enseña.

El lunes 5 de octubre, el ministro André Mendonça, del Tribunal Superior Electoral, emitió una decisión que ordenaba a las plataformas retirar 16 publicaciones específicas en un plazo de 24 horas. Su análisis fue quirúrgico: una grabación desde otro ángulo mostraba que la bandera había sido enrollada y entregada a un fotógrafo de campaña. Nunca tocó el suelo.

Mendonça, sin embargo, trazó una distinción crucial. Ordenó remover las publicaciones que presentaban como hecho verificable que Lula “tiró”, “arrojó” o “dejó” la bandera en el suelo. Pero no alcanzó a aquellas que afirmaban que la había arrugado, que la trató de manera inadecuada, o que su comportamiento demostraría desprecio. Según el ministro, esas formulaciones involucran un juicio de valor que corresponde al elector formar.

La decisión, sin embargo, llegó tarde. Para cuando el TSE intervino, la narrativa ya estaba instalada.

El patrón que se repite: Fernando Cerimedo

En el ecosistema de la desinformación transnacional en América Latina hay un nombre que aparece una y otra vez: Fernando Cerimedo. No hay confirmación de que haya orquestado directamente el video falso de la bandera. Lo que sí está documentado es su modus operandi, que coincide con el utilizado en esa operación.

El consultor argentino, exasesor de Javier Milei y fundador del portal La Derecha Diario, no es un actor nuevo en el ecosistema brasileño. Fue central en la campaña de Jair Bolsonaro en 2022, cuando difundió la narrativa de fraude en las urnas electrónicas tras la victoria de Lula. La Policía Federal lo indició en el inquérito sobre la intentona golpista del 8 de enero de 2023 por sus transmisiones y publicaciones que sembraron dudas sobre el sistema electoral.

Para 2026, según el diputado federal Rui Falcão, del PT de São Paulo, que presentó nuevos elementos ante el Supremo Tribunal Federal a finales de agosto, el argentino desplegó una campaña de desinformación contra Lula que utilizó el portal La Derecha Diario como punto de origen. Una de las narrativas más efectivas fue la de una supuesta invasión de inmigrantes marroquinos en Santa Catarina, atribuida a las políticas migratorias del gobierno petista. El contenido alcanzó 475.000 visualizaciones y se expandió desde Argentina hacia redes brasileñas. 

Según el testimonio de su expareja, Nadia Beller, el consultor político argentino Fernando Cerimedo operaba una estructura de automatización de cuentas —las llamadas “granjas de bots”— en Bolivia y Buenos Aires. Beller sostuvo que esa infraestructura se habría utilizado en las elecciones brasileñas de 2022 y que podría volver a estar operativa en 2026. La investigación se intensificó en agosto de 2026, cuando la Fiscalía de Bolivia allanó propiedades vinculadas a Cerimedo en La Paz y halló una “mini granja de bots”, además de 43.000 dólares, 500.000 bolivianos y documentación. La defensa del consultor rechazó esa caracterización y aseguró que los equipos eran teléfonos satelitales y módems. Beller también afirmó que Cerimedo facturaba 800.000 dólares mensuales solo en Buenos Aires y que, en 2023, él mismo había reconocido administrar alrededor de 50.000 cuentas artificiales en Argentina y Chile. A partir de esos elementos, el diputado brasileño Rui Falcão presentó una petición ante el Supremo Tribunal Federal (STF) en la que solicita investigar si Cerimedo utilizó desde Bolivia una estructura digital automatizada para interferir en las elecciones de Brasil de 2026, y reclama cooperación urgente con Bolivia para preservar las pruebas secuestradas.

La declaración más reveladora de Beller apunta directamente al corazón de la estrategia: Cerimedo le habría dicho que lucharía por la candidatura de Flávio Bolsonaro a la Presidencia.

La fábrica de votantes falsos

El modus operandi documentado en 2026 incorporó una tecnología que en 2022 no estaba disponible a escala masiva: inteligencia artificial generativa.

La agencia de verificación brasileña Aos Fatos identificó al menos 50 videos en TikTok con votantes que no existen. Eran avatares generados por IA, con apariencia humana, voces naturales y escenografías creíbles, que imitaban entrevistas callejeras. Personas aparentemente comunes explicaban por qué votarían por Lula o por Flávio Bolsonaro, o atacaban a sus adversarios. Estos videos acumularon más de 7 millones de visualizaciones. 

Algunos también reproducían estereotipos contra los habitantes del noreste del país, señala Tai Nalon, cofundadora de Aos Fatos. El noreste es históricamente un bastión electoral del PT y objeto de discriminación por parte de las regiones más ricas. 

Pero la IA no fue la única herramienta. Una investigación de Agência Pública reveló la existencia de 255 perfiles en Instagram que operaban como una granja de contenido generado por IA, promoviendo pautas de extrema derecha, desinformación electoral y violencia política de género. Estos perfiles publicaron más de 1.000 posts en el período previo a la campaña. 

La combinación de bots, IA y medios afines configuró lo que la propia campaña de Lula denunció ante el STF como una campaña coordinada de desinformación, con la estructura de granja de bots como núcleo operativo. 

Los dos estados detrás del operador

La detención de Cerimedo en Bolivia fue presentada como el desmantelamiento de una red. No lo fue. Fue la caída de un operador reemplazable dentro de una estructura que no depende de él. Para entender quién manda realmente, hay que subir dos niveles: el de Estados Unidos y el de Israel.

Estados Unidos: la infraestructura de la desinformación

El proveedor tecnológico central de toda la operación es Brad Parscale, exjefe de campaña de Donald Trump. Su empresa, Clock Tower X, está registrada bajo la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA) del Departamento de Justicia de Estados Unidos. 

Parscale no es un simple consultor. Es el dueño de la infraestructura: Campaign Nucleus (segmentación predictiva de electores) y EyesOver (análisis de sentimiento en tiempo real). El propio Cerimedo lo resumió sin ambigüedades: “Brad montó toda la infraestructura con la que trabajo”. 

Desde el 10 de marzo de 2025, Cerimedo es representante y licenciatario exclusivo en América Latina de ambas plataformas. Es decir: el operador que aparece en las fotos, el que da la cara, es un distribuidor local de tecnología estadounidense. 

Pero hay más. El canal político permanente de esta estructura es Damián Merlo Debernardi, dueño de la consultora Latin America Advisory Group (LAAG), con sede en Miami. Merlo está registrado bajo FARA y sus expedientes documentan relaciones con el entorno del secretario de Estado Marco Rubio, la congresista María Elvira Salazar, el legislador Mario Díaz-Balart y Mauricio Claver-Carone, hoy enviado especial de la Casa Blanca para América Latina. [FUENTE: expedientes FARA]

El 4 de septiembre de 2023, Merlo firmó un memorando con Cerimedo comprometiéndose a gestionar prensa, contactar legisladores del sur de Florida y abrir puertas en think tanks como Heritage Foundation y el Council on Foreign Relations, a cambio de operar la campaña de Milei. Cerimedo no contrató a un lobista: compró acceso a una infraestructura de poder que Merlo llevaba dos décadas construyendo. [FUENTE: memorando, 4/9/2023]

Israel: el financiador de la operación global

El segundo estado no es un socio secundario. Es el cliente principal.

Según documentos del registro FARA, Clock Tower X quedó inscripta para desarrollar una campaña digital en representación del Estado de Israel, canalizada a través de Havas Media Germany GmbH. El contrato arrancó en 6 millones de dólares, se amplió a 9 millones en diciembre y, solo en el semestre octubre 2025-marzo 2026, la empresa recibió 15 millones de dólares. El valor total proyectado del acuerdo ronda los 46,5 millones de dólares anuales, el mayor contrato activo bajo FARA de cualquier agente extranjero en Estados Unidos. 

El objetivo declarado, según un funcionario israelí citado por la revista Time, era “evitar que los jóvenes conservadores le den la espalda a Israel”. Para eso, Clock Tower X produce cien piezas de contenido por mes —el 80% para TikTok, Instagram, YouTube y podcasts de la Generación Z— y financia una red de once sitios con nombres de ONG (Allyvia, PaxPoint, FactSignal, Cognitura, Econora, Justorium, entre otros). [FUENTE: Time]

Y aquí está la conexión directa con Cerimedo: dentro de esa campaña israelí, Eyesover LLC —la plataforma que él representa en América Latina— recibió al menos 702.002,50 dólares por “análisis de sentimiento”. El primer pago se produjo meses después de que Cerimedo anunciara su representación regional de la plataforma. [FUENTE: registro FARA]

La relación entre ambos estados: no es una alianza, es una simbiosis

Israel no “contrata” a Parscale y Cerimedo por casualidad. Lo hace porque la infraestructura ya existe y ya está probada en campañas estadounidenses. Parscale es el mismo operador que en 2016 contrató a Cambridge Analytica para la campaña de Trump. Ahora aplica la misma lógica de microsegmentación, pero apuntada a la inteligencia artificial.

El circuito es el siguiente:

Estados Unidos provee la tecnología (Campaign Nucleus, EyesOver, Clock Tower X) y la infraestructura política (FARA, lobby, acceso al Congreso). Israel provee el financiamiento masivo (46,5 millones de dólares anuales) y el objetivo estratégico (mejorar su imagen entre los jóvenes). Operadores locales como Cerimedo y Merlo aportan el conocimiento político, la red de medios (La Derecha Diario, Numen Publicidad, Madero Media Group) y la capacidad de ejecución en cada país.

La propia investigación del Observatorio de Medios de Cubadebate lo describe sin eufemismos: “no hay una conspiración con organigrama secreto. Hay un negocio”. Un proveedor (Parscale) que empaquetó software, bases de datos y reputación política y los vendió, con la misma lógica comercial, a candidatos conservadores estadounidenses, a campañas latinoamericanas y a un ministerio extranjero. [FUENTE: Cubadebate]

Por qué “trumpismo” es insuficiente

Simplificar todo al trumpismo es hacerle el caldo gordo al sionismo porque deja intacto el financiamiento israelí. Trump es el contexto político que permite que esta infraestructura opere sin fricciones, pero Israel es el cliente que paga la factura. Si mañana Trump desaparece de la escena, el contrato de 46,5 millones de dólares con el Estado de Israel sigue vigente.

El propio Brad Parscale no es un trumpista ideológico: es un proveedor de servicios que le vende lo mismo a campañas republicanas en Estados Unidos que al gobierno de Israel que a candidatos latinoamericanos. Su lealtad es comercial, no política.

Lo que esto significa para Brasil

La operación que desestabilizó la campaña de Lula en 2026 no es un invento de un consultor argentino suelto. Fue la franquicia latinoamericana de una estructura transnacional financiada por dos estados, con tecnología estadounidense y dinero israelí, operada por un empleado que ahora está preso en Bolivia por causas ajenas a la desinformación.

Cerimedo es el tranza. El narco está en Miami. El que lava está en Washington. Y el dueño de toda la red está en Tel Aviv.

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