Entretenimiento

El día que estuve con Jacinto Piedra

(Esta es una nota que escribí hace seis años. Hoy la publico con amor, memoria y un profundo respeto)

Por: Orlando Agüero.

Si, efectivamente, Jacinto Piedra supo andar por Quilmes. Como también nos contara el maestro Daniel “Cuervo” Cañueto, donde relata sus juntadas en territorio profundo de Bernal Oeste. También supo andar por una casa histórica de Quilmes, muy cerquita de la vías y la estación del ffcc. Un lugar donde el Arte y la Política se cruzaban, se mezclaban y hacía que todos los días nacieran nuevos sueños. La casa de la compañera, actríz y militante Claudia Cárpena.

El 25 de Octubre se cumplen treinta y cinco años de que Jacinto Piedra trascendiera de este lado de la vida, para tocar sus hermosas canciones, desde vaya a saber donde, pero siempre seguro haciendo desbordar los corazones de quienes han podido disfrutar de su obra.

Así es que llegó este recuerdo a lo mas alto de mi memoria y aunque siempre lo tengo presente, tengo que reconocer que hasta hoy me había costado mucho poder contar esta historia.

El tema es que era el año ’87. Con Claudia Cárpena, Andy Cáceres, “Lalo” Acevedo, Gogo, y otrxs cumpas militábamos en una reconstrucción del Peronismo Revolucionario. En la ocasión, nos juntamos porque habían pasado las elecciones y Antonio Cafiero había ganado la gobernación de la Provincia de Buenos Aires que estaba en manos de los radicales. Entonces la casa de Claudia se convirtió en el lugar perfecto para festejar una victoria, que a la militancia peronista le hacía bastante falta por aquellos años. La cuestión es que el compañero de Claudia era Peteco Carabajal, que vino a la reunión junto a su amigo Jacinto Piedra.

Nosotrxs, salvo a Peteco, a Jacinto mucho no lo conocíamos. Sabíamos que era un músico que tocaba con Carabajal, pero no mucho más. De hecho, años más tarde me enteraría que él mismo era de familia radical en Santiago del Estero y que su obra era magia pura.

Pasaba la tarde casi como una tertulia, donde cada vez se sumaban más compañeras y compañeros, como Manguera o Lilian Torres. En varias paredes de la casa vivían obras pintadas por Claudia. Colores pastel invadían estridentes lienzos y revoques finos. También había guitarras. Jacinto saca una y se pone a tocar un tema. No puedo recordar que canción era. Me dijo que era de él. No era folklórica. Era una canción medio de rock. agarré una de la violas y lo empecé a acompañar. Tengo muy presente ese momento, los dos tocando la viola y él cantando. Los dos solos entre un montón de compas que estaban en su bullicio y que estaban en la suya. Sin embargo, tengo el vivo recuerdo de ese momento mágico que me tocó vivir de bien jovencito. Fue un instante de elevación. No por drogas ni alcoholes, sino porque la energía que tiempo después descubrí que se había formado en esos instantes, permitió que sobrevolemos el arte, y no de cualquier manera, sino significándonos en aquella que exterioriza las canciones ligando el alma a cada nota que sale de la guitarra y de cada cuerda vocal.

Cantaba y tocaba muy bien, gran compositor e intérprete. Era originario, santiagueño, rockero, folclorista, mágico, derrochaba aura, sin ninguna duda tenía mucha luz, tanta que hasta hoy nos ilumina como una estrella azul. Hubiera querido aprender más de semejante maestro. Tuve la suerte de poder compartír con él una tarde, donde además zapar unas canciones, descubrí a un verdadero gigante de la música popular argentina.

Hoy nos dejó una obra bellísima y a mí, este momento que les relato en este recuerdo. Valga como homenaje sentido al gran Jacinto Piedra…!

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