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“La Ola” la película que advirtió sobre la vuelta del fascismo hace 16 años

Este año se cumplen 16 años del estreno de La Ola (Die Welle), la película alemana dirigida por Dennis Gansel, que en su estreno en 2008 desató un debate global sobre el peligro de los regímenes autoritarios y la facilidad con la que pueden arraigar en una sociedad democrática. A través de un inquietante experimento escolar, La Ola mostró cómo un grupo de estudiantes, en un contexto aparentemente seguro y democrático, puede sucumbir rápidamente al fascismo bajo la influencia de un líder carismático.

La trama sigue a Rainer Wenger, un profesor de instituto que, para enseñar a sus alumnos sobre el fascismo, crea un movimiento de seguidores disciplinados que rápidamente se descontrola. El experimento, basado en los hechos reales ocurridos en 1967 en Palo Alto, California, no solo revela las tensiones psicológicas del poder, sino también cómo la comunidad, la disciplina y un uniforme compartido pueden ser utilizados como herramientas para el control social.

En una entrevista reciente con Vanity Fair, Gansel reflexionó sobre la relevancia persistente de su película: “Al principio, no estábamos seguros de que algo tan extremo como lo que mostramos fuera creíble. Pero después de ver la reacción de los jóvenes actores, entendimos que había algo muy poderoso en el sentimiento de pertenencia y en la facilidad con la que se entregaban al movimiento. El éxito de la película fue una señal clara de que muchas personas, incluso hoy, están preocupadas por el retorno de los autoritarismos”, señaló el director.

A pesar de que en 2008 Alemania vivía en un contexto de estabilidad democrática, el fenómeno parece más actual que nunca, particularmente tras los recientes eventos políticos globales. Gansel cita a Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump como ejemplo: “Trump usó consignas como ‘Make America Great Again’ que resonaban con las ideas de La Ola: fortalecer a la comunidad, rechazar al ‘otro’ y construir barreras. Y lo que parecía una exageración, un movimiento sin futuro, terminó llevando a Trump a la Casa Blanca”, explicó el director.

En Polonia, el Partido Ley y Justicia (PiS) sigue siendo una fuerza importante, aunque tras las elecciones parlamentarias de 2023, el partido perdió su mayoría absoluta, dando paso a una coalición de oposición que asumió el control del Parlamento. Sin embargo, el PiS sigue ejerciendo una gran influencia, especialmente a través de sus políticas nacionalistas y euroescépticas, que se mantienen vigentes en la retórica política del país.

En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdoğan sigue consolidando su poder, tras haber sido reelegido en 2023. Erdoğan ha mantenido una fuerte retórica nacionalista y ha avanzado en su agenda autoritaria, transformando a Turquía en un régimen cada vez más autocrático. La política de cerrar las puertas a los refugiados y rechazar las influencias externas sigue siendo central en su discurso, y el control sobre los medios y la oposición se mantiene firme. Los resultados de sus elecciones presidenciales reflejan un creciente apoyo entre ciertos sectores de la sociedad turca, a pesar de las críticas internacionales a su gobierno.

En Argentina, el 2023 marcó un giro en la política del país, con la victoria de Javier Milei en las elecciones presidenciales. Milei, conocido por su estilo provocador y su discurso radical, ha sido comparado con figuras de la extrema derecha por varios analistas debido a sus posturas autoritarias y su retórica de rechazo a las instituciones democráticas. Aunque Milei no se identifica explícitamente con el fascismo, su actitud hacia la política, el uso de frases despectivas contra la oposición, y su visión de un “líder fuerte” que promete soluciones rápidas a los problemas económicos, han llevado a muchos a cuestionar su compatibilidad con los principios democráticos. Además, su apego a políticas de confrontación, el desprecio hacia la prensa independiente y su afán por concentrar poder en la figura presidencial recuerdan a las características de los regímenes autoritarios, similares a las que se exploran en La Ola.

La película de Gansel no solo explora la dinámica psicológica del fascismo, sino también el poder de los símbolos. En lugar de recurrir a emblemas vinculados al nazismo, Gansel introduce una camisa blanca como uniforme, un elemento aparentemente inofensivo que se convierte en un símbolo de conformidad. “Es un gesto sutil, pero efectivo. Una camisa blanca parece inofensiva, pero cuando estás rodeado de cientos de personas vestidas igual, el poder del uniforme se revela. Se vuelve un medio para imponer la pertenencia a un grupo y excluir a los demás”, comenta.

En un mundo cada vez más polarizado, con crecientes movimientos de extrema derecha en países como Polonia, Turquía y Argentina, la película La Ola sigue siendo relevante. “La democracia es un proceso lento, y en tiempos de crisis, los líderes autoritarios prometen soluciones rápidas. Esto, combinado con la frustración de muchas personas ante la lentitud de las democracias, explica el resurgimiento de estas ideologías”, añade Gansel.

Si La Ola se realizara hoy, Gansel cree que las redes sociales serían un factor determinante. “Las redes sociales permitirían que un movimiento como La Ola se propagara rápidamente, mucho más rápido que en los años 2000. Hoy en día, un video en plataformas como TikTok o WhatsApp podría avivar la chispa de un movimiento fascista, con jóvenes uniéndose al grito de ‘defenderse’ contra amenazas externas”, concluye el cineasta.

Así, mientras La Ola sigue siendo un recordatorio sombrío de la fragilidad de la democracia, su vigencia parece más palpable que nunca. La lección es clara: la historia no solo debe ser recordada, sino entendida, para evitar que se repita.

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