La ternura como trinchera: las madres de la Unidad 47 organizan un festival para sus hijos
Son 54 detenidas, al menos 30 son madres. Desde el encierro, preparan panchos, disfraces y juguetes para que sus hijos tengan un día diferente cuando vayan a visitarlas. “Ver a los chicos felices es una caricia al alma”, dicen.
En la Unidad 47 de General San Martín, un grupo de mujeres está revolviendo todo con una energía que conmueve. Están armando un festival. El Día del Niño se acerca y ellas, que no pueden salir de paseo ni comprar un regalo en un shopping, decidieron que sus hijos merecen un día especial. Porque cuando los chicos van a visitarlas, no van a ver a una presa: van a ver a su mamá.
“Como estamos presas no podemos pasar el día del niño afuera ni darles un regalito. Ellos vienen a visitarnos y al menos ese día tienen que sentirse especiales. Para nosotras, ver a los chicos felices es una caricia al alma”, cuenta una de las organizadoras.
Son 54 detenidas. Al menos 30 son madres. Las que no tienen hijos también cooperan, porque vienen sus hermanitos, sus sobrinos, los hijos de otras compañeras. Acá la maternidad es colectiva y la solidaridad es ley. “Hacemos tortas, panchos, cosas dulces. Entre todas juntamos un poco de plata para comprar lo que nos alcance. También hacemos cosas manualmente: bolsitas, piñatas, artículos de candy bar, banderines”, relatan.
El festival es un esfuerzo de hormigas. Las chicas se disfrazan de payasos, hacen juegos, decoran todo con globos. Están tratando de alquilar un inflable y de conseguir juguetes para regalar. El año pasado no alcanzó para todos los niños. Este año quieren que ningún pibe se quede sin su regalo.
Maternar desde el encierro
“Lo más difícil es no poder abrazar a nuestros hijos, no estar en sus momentos difíciles o en los momentos importantes, no poder protegerlos. Aguantar las lágrimas cuando te preguntan cuándo volvés a casa”, dice la voz quebrada de una de las madres.
Y ahí suelta la frase que debería ser un puñal para cualquiera que lea esto: “Las consecuencias de nuestros actos las estamos pagando con lo que más amamos. Les pedimos que tengan un poco de empatía con los niños, al menos. Ellos no tienen la culpa de nuestros errores”.
No hay autocompasión. Hay una lucidez brutal. Saben que están presas por lo que hicieron. Pero también saben que sus hijos no deberían pagar por eso. Y que un festival no borra el dolor, pero al menos lo transforma en algo parecido a la alegría.
Cómo ayudar
“Todo nos sirve”, dicen. “Artículos de librería, porque muchas cosas las hacemos manualmente. Golosinas, juguetes, artículos de repostería. Cualquier cosa sirve: ropita, juegos, cualquier cosa que a los niños les sirva”.
El mensaje final
“Les diría que abracen a sus hijos y que siempre les hagan saber que los aman. Que no les deben nada, ni la vida. Que todos los sacrificios son con amor. Acá descubrí que todas las personas en este contexto no se sentían amadas o cuidadas en la infancia. Una infancia sana y con amor marca positivamente la vida de cada persona”.
La entrevista termina y uno se queda en silencio. Porque estas mujeres, estigmatizadas, olvidadas, están dando una lección de humanidad que muchos que están libres nunca van a entender. Ellas no pueden abrazar a sus hijos todos los días. Pero están haciendo todo lo que está a su alcance para que el día que los vean, esos chicos sepan que su mamá, aunque esté encerrada, nunca dejó de amarlos.
Para colaborar con este festejo contactarse con Micaela Juarez al 1179683232
