Politica

El hambre del pueblo no puede esperar

Por Fabio González – Movimiento Evita

Hay algo que en la Argentina de hoy no se puede mirar para otro lado: el hambre. No es una estadística fría, no es un número en un Excel. Es la mesa vacía, es el pibe que se acuesta sin cenar, es la jubilada que a los diez días ya no sabe cómo estirar la plata.

Y esto no es un accidente. No es la crisis. No es la herencia. Es un gobierno que eligió el hambre como herramienta. Que ajusta sobre los que menos tienen mientras mira para otro lado. Que le suelta la mano a los laburantes, a los jubilados, a los pibes, a los que menos pueden. Eso no es política económica, eso es crueldad. Y frente a la crueldad, nosotros no nos arrodillamos.

En nuestros barrios, en nuestros comedores y copas de leche, vemos lo que los números oficiales esconden. Cada día son más las familias que se acercan. Vienen laburantes que no llegan a fin de mes, abuelos que a mitad de mes ya no tienen nada, pibes que van a la clase de apoyo pero en realidad van a ver si comen. Y nosotros ponemos el cuerpo. Ponemos la olla. Ponemos el corazón. Pero no alcanza. Porque el hambre crece más rápido que nuestra capacidad de respuesta.

Frente a esto, no nos quedamos de brazos cruzados. Seguimos firmes en las copas de leche. En los comedores. En los merenderos. En cada frente de resistencia que se organiza en el barrio. Porque el hambre no espera. Y la organización popular tampoco.

Nos enseñó el Papa Francisco que hay que abrazar a los jubilados, a los discapacitados, a los migrantes, a las viudas, a todos los que hoy están en los barrios padeciendo un gobierno inhumano. Ese abrazo no es un gesto simbólico. Es un mandato. Es la obligación de estar donde está el dolor. De organizar donde hay necesidad. De pelear donde hay injusticia. Francisco no nos pidió que recemos. Nos pidió que nos ensuciemos las manos.

Que nadie nos venga a decir que hay que esperar. Que hay que ser prudentes. Que hay que negociar. El hambre no negocia. El hambre no espera. La organización popular no puede esperar. La unidad de los que laburamos, de los que cocinamos, de los que repartimos, de los que luchamos, no puede esperar.

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