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El blindaje mediático en Zárate: Las preguntas que muchos decidieron no hacer

Un violento enfrentamiento armado en Zárate dejó al descubierto la detención de una banda delictiva, entre cuyos integrantes se encontraba Esteban Manuel Ferreyra, alias “Perro Negro Junior”. El caso escaló rápidamente al confirmarse que el detenido es hijo de Alejandro Ferreyra, quien se desempeñaba como subsecretario de Prevención y Seguridad del Municipio. Tras el hecho, el intendente Marcelo Matzkin decidió apartar preventivamente al funcionario de su cargo.

Más allá del impacto policial, el caso expone un fenomenal vacío informativo por parte de más de 60 medios de comunicación que difundieron la noticia. Al replicar el hecho, la prensa masiva optó por omitir sistemáticamente la identidad partidaria del jefe comunal —referente del PRO / Juntos por el Cambio con un visible y alineamiento hacia el espacio del presidente Javier Milei—, pero además evitó confrontar las groseras contradicciones que encierra el relato oficial.

Las contradicciones que nadie quiso investigar

Cuando se contrastan las versiones sobre el operativo y los expedientes judiciales, el discurso de la “transparencia y el control tecnológico” se desmorona:

  • La farsa del hallazgo casual: En un primer momento, se intentó instalar que el “sistema lector de patentes” y el “anillo digital” del centro de monitoreo local habían detectado de forma autónoma un vehículo sospechoso involucrado en robos. Sin embargo, los datos judiciales demuestran que la patente de ese automóvil (un Volkswagen Bora gris) ya estaba cargada en la base de datos municipal desde marzo, porque el propio subsecretario de Seguridad —el padre del delincuente— se la había tenido que entregar a la Justicia cuando saltó la orden de captura de su hijo.
  • El falso desconocimiento de la cúpula municipal: El intendente Matzkin declaró públicamente que apartaba al funcionario “sin tomar postura” y aseguró “confiar en el relato” de su subsecretario, quien afirmó que no tenía contacto con su hijo, que este no residía en la ciudad y que recién se enteraba de lo sucedido esa mañana. Esta versión es insostenible: la orden de detención contra “Perro Negro Junior” por robos agravados y lesiones graves fue emitida en marzo por la jueza de Garantías de San Nicolás, María Eugenia Maiztegui. En ese mismo mes de marzo, el subsecretario de Seguridad tuvo que presentarse ante la UFI N°11 de San Pedro para declarar sobre la situación de su hijo prófugo. El funcionario convivió dos meses con la realidad de tener a su hijo siendo uno de los delincuentes más buscados de la zona, mientras comandaba la seguridad del distrito.

Una pregunta casi filosófica: ¿Ignorancia o complicidad?

El intendente Matzkin cerró su descargo en redes sociales intentando transformar la crisis en un slogan de campaña: “Vinimos a ser una herramienta en la lucha contra la inseguridad y nunca nada va a opacar nuestro objetivo, que es vivir mejor”.

Frente a esto, los más de 60 medios que levantaron la noticia publicaron el tuit de forma literal, sin hacer la pregunta periodística y lógica más elemental: ¿Cómo puede ser que el máximo responsable de un municipio y su cúpula de seguridad desconozcan lo que la Justicia penal, las fiscalías vecinas y la propia gente en la calle ya sabían perfectamente desde hacía meses?

Sostener que las máximas autoridades de seguridad de Zárate “no sabían” que el hijo del subsecretario era un prófugo peligroso de la justicia de San Pedro —cuando el propio auto estaba asentado en los registros locales desde marzo— es una afrenta al sentido común. Si realmente lo desconocían, demuestra una preocupante incompetencia en el control del territorio; si lo sabían, el sostenimiento del funcionario en su cargo configura una protección política directa que solo se interrumpió cuando el delincuente entró a la ciudad a los tiros contra la policía.

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