Economia

La paradoja del surtidor: El récord de YPF y un poder de consumo peor que el de Angola

Para dimensionar el desfasaje, las matemáticas son implacables. En Angola, un país con una infraestructura precaria y un salario mínimo que apenas araña el equivalente a 76 dólares, el litro de gasolina cuesta unos 300 kwanzas (33 centavos de dólar) gracias a una política de fuerte subsidio estatal. Con un sueldo básico entero, un trabajador angoleño puede comprar 233 litros de combustible.

En la Argentina de la desregulación total, con un salario mínimo fijado en $367.800 y el litro de nafta súper promediando los $2.070,29, ese mismo mes de trabajo apenas alcanza para 177 litros. Un 24% menos que en el país africano.

La verdadera paradoja de este escenario no es solo la pérdida de poder adquisitivo, sino el contexto energético en el que se produce. Angola es un gigante petrolero convencional en declive que carece de la infraestructura necesaria para refinar su propio crudo; exporta petróleo e importa la nafta ya procesada.

Argentina, en cambio, vive una realidad diametralmente opuesta. El país está quebrando récords históricos de producción gracias al avance de Vaca Muerta y cuenta con un parque de refinerías capaz de autoabastecer el mercado interno. En este esquema, YPF se ha consolidado como una de las empresas energéticas que más creció en el mundo en el último año, exhibiendo balances corporativos envidiables y ganancias millonarias que se festejan en los mercados financieros.

Es aquí donde el paralelismo se vuelve verdaderamente odioso. Mientras la macroeconomía hidrocarburífera argentina celebra números de primer mundo y la eficiencia de su petrolera de bandera, el mercado interno sufre el impacto de un cambio de paradigma drástico. La política de “paridad de exportación” implementada por el gobierno de Javier Milei busca desacoplar el recurso del bolsillo local, exigiendo que el ciudadano pague el combustible a precio internacional bajo la premisa de atraer inversiones y alcanzar el equilibrio fiscal.

El resultado de aplicar un shock de precios globales sobre salarios deprimidos en pesos está a la vista. El modelo actual ha priorizado el éxito de los balances contables y el perfil exportador por sobre la garantía de un precio competitivo para su propio pueblo. Mientras YPF vuela alto en Wall Street, el poder de consumo del trabajador argentino quedó atrapado en el fondo del surtidor, en una realidad que ya ni siquiera emula a la de Angola: la dejó atrás.

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