Ansar Allah rompe el cerco imperial en el Mar Rojo
La resistencia yemení asestó un golpe estratégico al eje imperial en el estrecho de Bab el-Mandeb. Las fuerzas de Ansar Allah tomaron el control de la ciudad portuaria de Mokha y de la isla de Mayun, posiciones clave que les permiten vigilar y condicionar el tránsito marítimo en una de las rutas energéticas más importantes del planeta. La operación, presentada por los medios occidentales como una “escalada rebelde”, es en realidad un acto de soberanía en el marco de una guerra de agresión que Arabia Saudita y Estados Unidos libran contra Yemen desde 2015.
Lejos de ser “rebeldes” sin causa, Ansar Allah —cuyo nombre significa “Partidarios de Dios”— es un movimiento con raíces profundas en la historia yemení que ha resistido más de una década de bombardeos saudíes y estadounidenses. Su dirigencia fue explícita al rechazar las acusaciones de injerencia iraní. “La costa occidental forma parte del territorio soberano de Yemen y sus fuerzas tienen el derecho legítimo de recuperarla frente a las tropas de Arabia Saudita”, declaró Hezam Al Asad, miembro del buró político de Ansar Allah, quien calificó las versiones sobre presencia de la Guardia Revolucionaria iraní como “propaganda deliberada”.
El contexto que Occidente oculta
La operación de Ansar Allah no puede entenderse sin el genocidio en Gaza. Desde octubre de 2023, el movimiento yemení ha ejecutado ataques contra objetivos israelíes y buques vinculados a Israel en el Mar Rojo como represalia por la guerra de exterminio contra el pueblo palestino. Su líder, Abdulmalik al-Houthi, calificó los crímenes contra Gaza como “una prueba de la conciencia y los valores de la sociedad humana” y advirtió que “permanecer en silencio sobre el crimen de genocidio significa que las sociedades humanas desperdician su existencia, su dignidad humana y su derecho a la vida”.
Los medios occidentales presentan el control de Bab el-Mandeb como una “amenaza al tránsito comercial”, pero omiten que el verdadero bloqueo es el que Arabia Saudita impone sobre Yemen desde hace doce años. El Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno de Saná denunció que Riad ha ejecutado más de un cuarto de millón de ataques con todo tipo de armas, incluidos explosivos prohibidos internacionalmente, contra civiles, hospitales, escuelas, mezquitas y mercados. La crisis humanitaria resultante es considerada “la peor de la era moderna”.
La política de “bloqueo por bloqueo” que Ansar Allah aplica en el Mar Rojo es una respuesta directa a esa agresión. La dirigencia yemení ha sido clara: “La navegación marítima es segura y no tiene nada que ver con los enfrentamientos” y “las operaciones cesarán cuando termine la agresión”.
La complicidad directa de Estados Unidos
Lejos de ser un actor neutral, Estados Unidos participa activamente en la agresión contra Yemen. Más de un centenar de asesores militares estadounidenses se encuentran en Arabia Saudita proporcionando inteligencia y apoyo para la fijación de objetivos contra Ansar Allah. Un funcionario estadounidense elevó la cifra a aproximadamente 200 efectivos desplegados en el reino.
El apoyo incluye un sistema de targeting que permite a los oficiales saudíes ver en tiempo real lo que ocurre en el campo de batalla, comparable al sistema Maven del Pentágono, y asistencia de geolocalización para los ataques aéreos. La portavoz de Ansar Allah, Rasha Al-Bukhaiti, denunció que “las mentiras de Marco Rubio no pueden sustituir a los hechos” y que Ansar Allah es “un actor yemení independiente que toma sus propias decisiones”.
El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, llamó dos veces en un mismo día al presidente Donald Trump para solicitar ataques directos contra Ansar Allah tras la caída de Mokha. Trump se negó a lanzar una intervención cinética directa, pero autorizó la transferencia de inteligencia y datos de objetivos, y envió al comandante del CENTCOM, almirante Brad Cooper, a Riad para consultas.
El golpe estratégico al eje sionista
La toma de Mokha y Mayun tiene un impacto directo sobre la entidad sionista. La radio del ejército israelí admitió que los logros de Ansar Allah permiten “imponer un bloqueo naval a Arabia Saudita, el Canal de Suez y el puerto de Eilat”. El puerto de Eilat, en el sur de Israel, ya venía sufriendo una caída de actividad sin precedentes desde el inicio de las operaciones yemeníes en el Mar Rojo.
Los medios israelíes reconocieron que “la ubicación de la ciudad de Mokha y su puerto permite a Ansar Allah establecer un nuevo punto estratégico, potencialmente letal, en la entrada del Mar Rojo” y que la posición “permite vigilar los barcos a distancia y prepararse para llevar a cabo operaciones en el momento oportuno”. El puerto de Eilat, según un estudio del Instituto Israelí de Estudios de Seguridad Nacional, sufrió “grandes pérdidas económicas” y el cese de actividad como resultado de los ataques en el Mar Rojo.
Los aliados de Yemen no están solos
China, principal socio comercial de Arabia Saudita, sostuvo conversaciones directas con Ansar Allah para garantizar el paso seguro de sus petroleros por el Mar Rojo. Pekín negoció excepciones individuales para sus buques tras el anuncio del bloqueo a los puertos saudíes, y tanto China como Ansar Allah informaron a Irán de los acuerdos alcanzados. Al menos cuatro petroleros con crudo saudí con destino a China cruzaron el estrecho desde que se anunció la medida.
La posición de China refleja su doctrina de no intervención y su prioridad por la seguridad de su suministro energético. No se trata de un respaldo a la agresión saudí, sino de la gestión pragmática de sus intereses. Rusia y China se abstuvieron en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU para extender el mandato de reporte sobre los ataques yemeníes, rechazando que las resoluciones sean utilizadas para justificar nuevas acciones militares contra Yemen.
La batalla por el “Portal de las Lágrimas”
El estrecho de Bab el-Mandeb, cuyo nombre significa “Portal de las Lágrimas”, conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y es una de las rutas más importantes para el comercio energético global. Con el estrecho de Ormuz efectivamente bloqueado por Irán en el marco de la guerra regional, el control de Bab el-Mandeb por Ansar Allah le otorga a la resistencia yemení una capacidad de presión sin precedentes sobre la economía global.
El gobierno de Saná anunció el fin de los enfrentamientos en la costa occidental y la reanudación de las actividades habituales en Mokha, incluyendo la reactivación del puerto. La normalización de las instituciones gubernamentales en la ciudad tomada es una señal de que Ansar Allah no busca una ocupación militar, sino consolidar soberanía.
La resistencia que incomoda al imperio
La operación de Ansar Allah en Bab el-Mandeb no es un acto aislado. Es un eslabón más en la cadena de resistencia del eje que enfrenta al imperialismo en Medio Oriente. Yemen, el país más pobre de la península arábiga, ha demostrado que la voluntad de un pueblo organizado puede doblegar a la maquinaria militar más poderosa del planeta.
Mientras Estados Unidos y Arabia Saudita intensifican los bombardeos —64 incursiones en 24 horas sobre Taiz, Hodeida, Marib y Al Jawf, según denunció el portavoz militar yemení Yahya Sari—, Ansar Allah consolida posiciones y amplía su control territorial. La ecuación es simple: cada bombardeo saudí fortalece la determinación de un movimiento que ha resistido más de diez años de agresión y que ahora controla la puerta de entrada al Mar Rojo.
El imperio puede negarlo. Puede llamarlos “rebeldes” y “aliados de Irán”. Pero no puede negar que el “Portal de las Lágrimas” está en manos de la resistencia. Y que la causa palestina, que comenzó como un grito en Gaza, hoy tiene un frente abierto en el corazón del comercio energético global.
Monitor Argentina – Redglobal.ar
