Peter Lamelas a punto de ser persona no grata en Argentina
Hay momentos en los que un país, aun atravesando turbulencias internas, necesita levantar la voz con claridad. El proyecto presentado en la Cámara de Diputados para declarar “persona no grata” a Peter Lamelas, propuesto como embajador de Estados Unidos en la Argentina, es uno de esos momentos.
No se trata de una declaración altisonante ni de un capricho ideológico. Es, lisa y llanamente, un acto de defensa institucional frente a la injerencia extranjera. Porque lo que Lamelas dijo ante el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de su país —como parte del proceso de nominación diplomática— no puede pasar inadvertido para quienes creemos en la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y el respeto entre Estados.
Una embajada, no un tribunal
Las afirmaciones de Lamelas son tan preocupantes como reveladoras. Dijo, por ejemplo, que su rol como embajador sería “eliminar la corrupción” en Argentina. Se refirió a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, no como figura política, sino como destinataria de una justicia que, según sus palabras, “debe llegar”. Se pronunció sobre las provincias argentinas como si fueran territorios descoordinados donde potencias extranjeras (China, en su caso) podrían operar a discreción. Y, por si fuera poco, expresó su voluntad de cooperar con la administración británica en las Islas Malvinas.
Cada una de estas declaraciones es una señal de alerta. Lamelas no propone representar los intereses de su país respetando los marcos diplomáticos, sino intervenir en la política interna de otro.
La diplomacia no habilita la tutela
Una embajada no es un tribunal, ni un puesto de fiscalización. Un embajador no puede —ni debe— asumir el rol de juez, de auditor, ni de arquitecto de una reforma política o judicial en el país anfitrión. Ese rol le corresponde, exclusivamente, al pueblo argentino y a sus instituciones.
La política exterior debe construirse sobre el respeto mutuo. Estados Unidos puede tener sus posiciones, pero no puede —como ha ocurrido en otros momentos de nuestra historia— pretender elegir los protagonistas, los enemigos ni las causas de nuestra vida democrática.
El caso Malvinas: la línea que no se cruza
En un pasaje de su intervención, Lamelas expresó su disposición a viajar a las Islas Malvinas y colaborar con la administración británica “como actividad de divulgación”. Esa frase, pronunciada sin el más mínimo reconocimiento al reclamo histórico de soberanía de la Argentina, cruza una línea que ningún embajador debería pisar.
Es un agravio a las generaciones de diplomáticos, soldados, familiares de caídos y millones de argentinos que, desde 1833, sostienen un reclamo pacífico y firme sobre las Islas. Es también un mensaje peligroso: que para ciertos sectores del Departamento de Estado, la postura argentina en temas sensibles puede ser ignorada o despreciada sin consecuencias.
La política, cuando se une, dice basta
El proyecto, firmado por un grupo numeroso de diputados y diputadas del bloque Unión por la Patria, es más que una expresión de enojo: es un límite institucional, una línea roja trazada desde el Congreso para advertir que la política exterior argentina no puede ser tutelada ni colonizada discursivamente.
No es un gesto contra los Estados Unidos como nación, sino contra una actitud inaceptable de uno de sus representantes. Y, por qué no decirlo, es también un llamado al oficialismo argentino: si en nombre del alineamiento estratégico se permite que embajadores opinen, juzguen y dirijan la política interna, se está hipotecando la soberanía nacional.
🗯️ La voz de una diputada: Agustina Propato y el grito malvinero
Entre quienes firmaron el proyecto, la diputada Agustina Propato fue contundente en sus redes sociales:
“Soberanía o Lamelas.
Malvinas o Lamelas.
Principio de No intervención en Asuntos Internos o Lamelas.
Autonomía de las Provincias o Lamelas.
Argentina o Lamelas.”
Y agregó:
“El pretenso Embajador expuso públicamente su voluntad de llevarse puesto todo el derecho internacional, nuestra constitución, nuestros representantes y todo lo que se oponga a sus propósitos. ¡Ojo! Esa amenaza es potencial.”
#MileiLamelasVos
Nosotros: Argentinos, Malvineros y Soberanos.
Yo, malvinera y hasta los huesos.”
Su advertencia no es retórica: es una reafirmación de principios. En la historia argentina, la defensa de la soberanía no es una consigna, es una obligación histórica.
