Sociedad

La Plata, capital del escepticismo paleontológico: el DinoNegacionismo duplica convocatoria y apunta a la naturaleza divina del ser humano

A fines de mayo, el Museo de Ciencias Naturales de La Plata se convirtió en el epicentro de un desafío directo a la cronología oficial de la Tierra. El movimiento conocido como “DinoNegacionismo” llevó a cabo su segundo encuentro presencial, consolidando una estrategia de ocupación del espacio público que excede el debate virtual. Convocados bajo la consigna “No nos extinguimos”, el salto organizativo fue contundente: la asistencia se duplicó de forma orgánica, pasando de apenas 50 personas en el primer encuentro a más de 100 participantes en esta segunda edición.

La elección de La Plata no fue azarosa. Al tratarse de la ciudad históricamente ligada a la investigación paleontológica de la región, la protesta buscó golpear en el corazón del símbolo académico local. En el lugar, grupos de “librepensadores” matizaban la jornada compartiendo debates con el termo bajo el brazo, en un clima que describieron como una ruptura frente al “dogma” científico. En un pizarrón blanco se leía el nombre del evento, mientras los asistentes posaban con el brazo derecho extendido sobre el pecho: el denominado “saludo de la razón” o de los librepensadores, una seña de identidad interna de la comunidad terraplanista.

La voz de Iru Landucci y el “hackeo” mediático

La figura central de la jornada fue Iru Landucci, técnico en efectos especiales y referente internacional del terraplanismo y la revisión cosmológica. A través de su plataforma “Nur para Todos”, Landucci conecta la crítica a la paleontología oficial con un cuestionamiento mucho más profundo.

Para el colectivo, la ufología clásica de Hollywood y la arqueología oficial con tintes extraterrestres funcionan como distractores diseñados por las agencias para alejar a la gente de la verdad histórica; por el contrario, sostienen que el núcleo del debate es la cosmología, orientada a que el ser humano redescubra su naturaleza divina frente a los relatos materialistas impuestos.

Con su habitual tono irónico, Landucci celebró la convocatoria frente a las cámaras de televisión:

“Este movimiento no se extingue”.

Geopolítica del relato y la censura algorítmica

El dinonegacionismo no opera en el vacío. Quienes adhieren a estas corrientes sostienen que la paleontología institucionalizada y la teoría de la evolución funcionan como el andamiaje necesario para apuntalar el modelo del Big Bang y una cosmología sin propósito espiritual, una arquitectura del conocimiento que atribuyen a estructuras de poder globales y de larga data, como la Compañía de Jesús (Jesuitas).

El verdadero quiebre del movimiento radica en su giro hacia lo empírico, proponiendo observaciones y experimentos directos que pueden ser auditados y replicados por cualquier ciudadano, contrastándolo con la “fe científica” que exigen las agencias espaciales oficiales. Esta dinámica ha desatado una guerra de baja intensidad en el terreno digital a través de la censura blanda y el shadowban.

Lo que la academia y las gerencias de noticias tradicionales intentan caricaturizar como un consumo bizarro de internet, ha mutado en una estructura militante cara a cara. Con una comunidad en crecimiento y Landucci articulando el discurso digital, el movimiento demuestra que el control absoluto de la percepción es una ilusión. La duda ya se filtró en las bases, y la convocatoria en el plano real demuestra que, por ahora, cada año son más.

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