Fidel lo advirtió en 2010: “Un ataque de EE.UU. e Israel contra Irán se tornaría en un conflicto nuclear global”
A 16 años de la reflexión del líder cubano, la guerra que él predijo ya comenzó. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel atacaron Irán. Hoy, el estrecho de Ormuz está bajo amenaza, el petróleo supera los 105 dólares y Teherán demuestra que sus misiles hipersónicos pueden burlar los escudos más avanzados del imperio.
En junio de 2010, cuando Barack Obama todavía ocupaba la Casa Blanca y la guerra contra Irán era una amenaza latente, Fidel Castro escribió una de sus reflexiones más proféticas. Titulada “Saber la verdad a tiempo”, el líder cubano advertía que si Estados Unidos e Israel atacaban a la República Islámica, el conflicto se tornaría inevitablemente nuclear. “No albergo la menor duda de que tan pronto las naves de guerra de Estados Unidos e Israel ocupen sus puestos e intenten inspeccionar el primer buque mercante de ese país, se desatará una lluvia de proyectiles en una y otra dirección. Será el momento exacto en que se iniciará la terrible guerra”, escribió.
Fidel quería estar equivocado. “Casi todos por natural instinto, podría decirse que el 99,9 por ciento o más de mis compatriotas, conserven la esperanza y coincidan conmigo en el deseo sincero de estar equivocado”, confesó. Pero su análisis no era una profecía mística. Era razonamiento lógico. Y la lógica, dieciséis años después, se está cumpliendo con una precisión escalofriante.
Lo que Fidel predijo y lo que ocurrió
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque conjunto contra instalaciones nucleares iraníes. Fidel había advertido exactamente eso: que el ataque no sería una operación quirúrgica, sino el detonante de una guerra regional. Irán respondió cerrando el estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 30% del petróleo mundial. El precio del crudo superó los 105 dólares por barril. El diésel en Estados Unidos alcanzó los 6,32 dólares por galón, un récord histórico.
La guerra ya costó a Estados Unidos 38.000 millones de dólares hasta agosto, según la Oficina de Presupuesto del Congreso. Y no hay señales de que vaya a terminar. Trump dice que Irán quiere un acuerdo de paz, pero al mismo tiempo afirma que “el mundo entero tendrá que devolver dinero a Estados Unidos cuando termine el timo de Ormuz”. El cinismo imperial en su máxima expresión.
Irán no es Irak: la ecuación cambió
Fidel advertía en 2010 que un ataque a Irán desataría una guerra. Lo que no podía prever con exactitud era cuán diferente sería Irán de los enemigos anteriores del imperio. No es Irak, con un ejército diezmado por décadas de sanciones. No es Libia, sin capacidad de respuesta. Irán construyó durante años el arsenal de misiles más grande y temido de Medio Oriente: más de 3.000 misiles balísticos, según estimaciones de la inteligencia occidental.
Pero el salto cualitativo llegó con los misiles hipersónicos. Teherán incorporó el misil Fattah, que supera la barrera del Mach 10 y burla los escudos antimisiles convencionales gracias a su perfil de vuelo impredecible. También desarrolló el Khorramshahr-4, capaz de alcanzar objetivos a 2.000 kilómetros. Y el Kheibar Shekan, con una ojiva de una tonelada, que según la Guardia Revolucionaria “burló el sistema de defensa antimisiles estadounidense THAAD”.
El 1 de septiembre de 2026, la Guardia Revolucionaria anunció que sus misiles hipersónicos y drones “burlaron el sistema de defensa antimisiles estadounidense THAAD y atacaron objetivos estratégicos en el edificio del Ministerio de Defensa israelí y el Aeropuerto Ben Gurión”. Y agregó: “Con la destrucción exitosa de más de siete radares altamente avanzados, Estados Unidos y la entidad sionista usurpadora quedaron ciegos en la región”.
Irán no solo resiste. Irán ataca. Y el imperio no puede detenerlo.
¿A cuánto estamos del escenario de Fidel?
Fidel hablaba de una guerra nuclear global. Eso no ha ocurrido. Pero su predicción sobre la lógica del conflicto se está cumpliendo paso a paso. La guerra ya no es entre Irán e Israel. Es una guerra regional que involucra a Estados Unidos, a las monarquías del Golfo, a Yemen (con Ansar Allah controlando Bab el-Mandeb), a Hezbolá en Líbano, a las milicias en Irak y Siria. Es una guerra que ya bloqueó dos rutas marítimas vitales, que ya disparó el precio del petróleo, que ya está golpeando la economía global.
La pregunta que Fidel dejó flotando era: “¿Podrán abstenerse las dos más poderosas potencias nucleares, Estados Unidos y Rusia, de emplear una contra la otra sus armas nucleares?”. Esa pregunta sigue sin respuesta. Pero la escalada es real. El 15 de septiembre, un petrolero explotó tras chocar con minas navales en Ormuz. Irán advirtió a las aseguradoras que no brinden servicios a los buques “infractores”. El estrecho “se mantiene cerrado y bajo el control de las Fuerzas Navales de Irán”.
No estamos en una guerra nuclear. Pero estamos más cerca que en 2010. Porque la lógica que Fidel describió —la del imperio que aprieta hasta que alguien responde, y que después no sabe cómo detener la escalada— está operando a pleno.
La lección que Fidel nos dejó
Fidel no era profeta. Era un analista. Su método era simple: observar los intereses en juego, entender la lógica del adversario y sacar conclusiones. “No soy profeta ni adivino. Nadie me informó una palabra de lo que iba a ocurrir; todo ha sido fruto de lo que hoy califico como el razonamiento lógico”, escribió.
Ese es el legado que nos deja. No la predicción exacta, sino el método. La geopolítica no se lee con bolas de cristal ni con titulares de medios hegemónicos. Se lee con lógica, con historia, con comprensión de los intereses en juego. Fidel entendía que el imperialismo no es racional en el sentido burgués del término. Es racional para sus propios fines, pero esos fines incluyen la destrucción del adversario, incluso si eso significa destruirse a sí mismo.
Irán hoy demuestra que la resistencia es posible. Que un país del Sur Global, sometido a décadas de sanciones, puede desarrollar capacidades militares que pongan en jaque a la maquinaria de guerra más poderosa del planeta. Que los misiles hipersónicos pueden cegar al imperio. Que Ormuz puede cerrarse y el petróleo puede dejar de fluir.
Fidel lo sabía. Y por eso advertía. No para asustar, sino para preparar. “Saber la verdad a tiempo es para nuestro pueblo lo más importante”, escribió. La verdad hoy es que la guerra que él predijo ya comenzó. La pregunta es si seremos capaces de detenerla antes de que la lógica se complete.
